¿Un modelo a seguir?

Alberto Caballero

Pablo EscobarComo en los casos de Hugo Chávez o Fidel Castro, la historia reciente latinoamericana nos ha mostrado que un solo hombre puede cambiar un país entero. Pero hay un hombre que no solamente cambió un país: también lo convirtió en un lugar de infamia mundial. Me refiero al más famoso criminal colombiano, un hombre que comparte un lugar en la historia con su “modelo a seguir” Al Capone. La historia de la humanidad ha sido testigo de muchos iconos, algunos ya olvidados y otros que aún yacen en la memoria colectiva. Algunos son héroes, pero muchos otros son un fuerte símbolo de contradicción, muchos los odian y algunos los aprecian. Al Capone, Pinochet, o incluso Maradona no suelen considerarse un modelo a seguir, sin embargo nadie puede negar su condición de ícono.

Pablo Emilio Escobar Gaviria, conocido como El Patrón, ganó la infamia mundial como el más famoso capo del narcotráfico colombiano. Escobar era tan rico por trafico de drogas que la revista Forbes en 1989 lo incluyó como el séptimo hombre más rico y poderoso del mundo. Fue considerado ampliamente como el narcotraficante más poderoso, ambicioso y brutal de la historia. Pero también cambió la visión de un país en términos de cómo hacer dinero. Puso a Colombia en el centro de las noticias durante doce años. Era casi imposible no saber quién era Pablo Escobar a finales de los años 80.

Pero en Medellín, donde nació, Escobar es considerado parte de la ciudad. Para muchos de los barrios más pobres de la ciudad era un héroe, aun cuando para el resto del país era el criminal contemporáneo más brutal. Su tumba es el tercer lugar mas visitado del país, aunque panfletos turísticos no lo digan, ni tampoco alguna agencia turística menciona abiertamente un tour por la “Hacienda Nápoles” la finca de Escobar que ahora está casi destruida por desplazados quienes buscaban dinero o tesoros enterrados, pero que sigue siendo una atracción turística. En sus días de gloria, “La Nápoles” tenía trece lagos artificiales, un hospital, un mil habitaciones, establos, un aeropuerto privado para su flota de aviones privados, casino, plaza de toros, un jurasico parque hecho con dinosaurios de metal a escala, y el mejor zoológico del país. En sus aviones privados, Pablo mandaba a gente alrededor del mundo a traer sus animales; no importaba si tenían que cazarlos o comprarlos, sus cazadores y coleccionistas viajaban por los cinco continentes en búsqueda de los animales más exóticos. Elefantes indios, canguros y koalas, leones africanos y búfalos americanos eran una pequeña muestra de su vasta colección.

Algunas de los accesorios de los baños en su mansión eran de oro sólido. Decoró la entrada de la hacienda con la primera avioneta en que se llevó su primer cargamento de cocaína a los Estados Unidos. Compró el carro de Al Capone como muestra de su admiración por el mafioso norteamericano. Sus caballos de “paso fino” estaban fuera del precio del mercado, así como las miles de propiedades que tenía. Causó que el mercado de finca raíz alcanzara precios inaccesibles en los barrios más lujosos de Medellín y Bogotá. El precio no importaba: si Escobar la quería, la compraba.

Sin embargo, Escobar no era un narcotraficante común. Tenía una visión de su negocio y de cómo encajarlo en la sociedad colombiana. Esperaba que la gente entendiera que el dinero del narcotráfico podría ayudar a mejorar las condiciones de vida de los barrios más pobres de Medellín.

La entrada a la Hacienda “Nápoles”, la finca de Pablo Escobar

Construyó un barrio entero, irónicamente llamado “La Paz”, muchas canchas de fútbol, y repartió efectivo a millares de pobres. Fue así como consiguió un lugar en el congreso colombiano; ganó su elección con votos legítimos. Aunque en su vida política siempre tuvo acusaciones de narcotráfico, irónicamente fue invitado a la posesión presidencial de Felipe González en España, como parte del congreso colombiano, y visitó varias veces Washington D.C.

Pero como cabeza del “Cartel de Medellín” inició el periodo mas violento de la historia colombiana. Entre sus crímenes más conocidos son la explosión del avión en pleno vuelo de Avianca con pasajeros norteamericanos, con alrededor de 200 muertos; la bomba que causó la destrucción del edificio del DAS – la Policía Secreta Colombiana – con 70 muertos y cientos de heridos; y el asesinato de Luís Carlos Galán, quizás el político más famoso de la historia reciente colombiana, quien estaba a favor de la extradición de Escobar a Estados Unidos. Contrató a la guerrilla M19 para que destruyera los archivos criminales del palacio de justicia, y lanzó una guerra en contra del “Cartel de Cali” por dominios del mercado de la droga.

Después de una larga guerra contra el gobierno colombiano, Escobar decide “entregarse” y se somete a la justicia, con la condición que no sea extraditado a Estados Unidos. Fue recluido en una cárcel llamada “La Catedral” – la cual fue más como un hotel de cinco estrellas que una cárcel – donde continuó sus negocios: tenía celular, acceso al Internet y fax. También disfrutaba de un jacuzzi y otros lujos en su celda.

Cuando el gobierno colombiano se percató de las condiciones lujosas de su encarcelación, decidió trasladarlo. Escobar fue avisado pocas horas antes del traslado por alguna de sus fuentes del gobierno y no tuvo tiempo de organizar un escape más lujoso, así que se escapó a pie el 22 de julio del año 1992. Su escape es considerado el hecho más bochornoso de la historia colombiana. Escándalos de corrupción e ineptitud en todos los niveles obligaron al gobierno a crear el “Bloque de Búsqueda”: un grupo de 100 soldados adestrados por la CIA exclusivamente para dar captura a Escobar.

La CIA y el gobierno colombiano durante once meses intentaron dar con él. Arrestaron a su esposa e hijos cuando intentaron volar a Estados Unidos – a pesar de tener visas legítimas – como estrategia para rastrearlo. Escobar comenzó a llamar a sus hijos, sin darse cuenta de que la CIA rastreaba sus llamadas por satélite. Finalmente dieron con su paradero.

El 2 de  diciembre de 1993, Pablo Escobar fue dado de baja por el “Bloque” en un operativo calificado como “exitoso” según los comunicados de prensa de Washington y Bogotá. Sin embargo una gran población de los barrios más pobres de Medellín lloraron su muerte en uno de los funerales más grandes de la historia colombiana.

¿Por qué Pablo Escobar es importante en la historia latinoamericana? ¿Por qué debe ocupar un lugar con Che Guevara, Fidel Castro o Simón Bolívar como icono latinoamericano? La respuesta es muy simple: Pablo Escobar cambió Colombia: un solo hombre que cambió un país entero. Hizo que tres presidentes no pudieran gobernar el país. No solamente cambió el vocabulario, sino las costumbres, la economía y la cultura de Medellín y de toda Colombia. Antes de Escobar, nadie sabía el significado de “sicario”; hoy el término es lamentablemente conocido en Colombia. Antes de Escobar, Medellín era considerado un paraíso; aún hoy, quince años después su muerte, extranjeros prefieren no visitar la ciudad. Antes de Escobar, nadie consideraba la idea de una bomba en un supermercado o en un avión en pleno vuelo; ahora, todos los políticos colombianos usan carros blindados y los edificios del estado cambiaron su diseño arquitectónico por razones de seguridad. Como resultado del escándalo de su fuga, los legisladores colombianos cambiaron las leyes relativas al encarcelamiento y también las cárceles. Incluso obligó a la CIA y al gobierno colombiano a unir fuerzas para armar un ejército, el cual inició una nueva tradición de intervenciones norteamericanas en las fuerzas armadas de Colombia.

Algo que Escobar no esperaba era el convertirse en un famoso mafioso. Se convirtió en un ícono de la mafia colombiana. Sus pertenencias más cercanas son ahora objeto de coleccionistas, muchos de ellos narcotraficantes, quienes ven en Escobar lo mismo que él veía en Al Capone: un modelo a seguir.

Alberto Caballero es músico nacido en Bogotá, Colombia. Ha colaborado en editoriales colombianas y páginas web como comentarista de música contemporánea y opinión. Actualmente reside en Toronto.

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