La subjetividad del traductor

Martin Boyd

¿Otro producto del software MT?

Sarita me out of the fire, because before you know it the future of humanity I did not care. She showed me the way of the spirit, he informed me that all men are equal, that the only worthy ideal is the class struggle and the victory of the proletariat, I did read Marx, Engels and Carlos Fuentes, and do everything to what? To destroy after his indiscretion.

Tal vez a los lectores del párrafo anterior no se les puede culpar por creer que se trata del delirio de un loco incoherente con un dominio del idioma inglés algo limitado.  Sin embargo, en realidad es el resultado directo del uso de Google Translate para traducir el primer párrafo de “La ley de Herodes”, un cuento de Jorge Ibargüengoitia, uno de los más grandes escritores cómicos de México.

Según mi experiencia, es un ejemplo bastante típico de lo que puede hacer la traducción automática (o MT, por sus siglas en inglés). La Internet está llena de otros muchos ejemplos igualmente desconcertantes, algunos de los cuales se pueden encontrar en Careers Cabin, una revista en línea aparentemente en inglés, pero cuyos editores parece que recurren con demasiada frecuencia a las maravillas del software MT para traducir sus artículos.

A pesar de tales deficiencias, muchas personas parecen opinar que  la traducción automática va a acabar muy pronto con la necesidad de traductores humanos. De hecho, en varias ocasiones en reuniones sociales, después de revelar mi profesión, la gente me ha preguntado cómo me siento sobre el hecho de que gracias al software MT como Google Translate mi trabajo pronto será obsoleto. Obviamente, estas personas no han leído los artículos de Careers Cabin; tal vez los únicos ejemplos que han visto de las maravillas del software MT han sido los artículos traducidos automáticamente que después han sido ampliamente editados por traductores humanos (una tendencia cada vez más popular en el sector de la traducción, “la post-edición” se ha convertido en un eufemismo en el sector para “la re-traducción”). Mi intención en este artículo es responder a esta pregunta sobre la supuesta obsolescencia inminente de los traductores humanos, o más bien, para aclarar algunos de los conceptos erróneos subyacentes.

Una buena manera de comenzar es aclarando cómo funciona Google Translate. Al contrario de lo que muchos creen, Google Translate no es una “máquina inteligente” con la capacidad de hacer el trabajo de un traductor humano, sino más bien el resultado del trabajo de traductores humanos. En efecto, es la memoria de traducción más grande del mundo, una gigante base de datos de traducciones ya realizadas por traductores humanos. Cuando se introduce un párrafo de texto en Google Translate, este busca en su vasto corpus de traducciones humanas para encontrar segmentos de texto ya traducidos que coincidan con lo que se ha insertado y unirlos para generar una traducción. Google Translate no existiría sin los millones de horas de trabajo realizado por traductores que han alimentado su base de datos, lo cual por supuesto significa que si no se sigue nutriendo con el trabajo de los traductores humanos, el corpus rápidamente se estancará, pues las lenguas se encuentran en un proceso constante de evolución y cambio.

Aún así, tal como lo muestra el ejemplo anterior, el complejo proceso que utiliza Google Translate para conectar los fragmentos de traducción humana entre sí rara vez produce resultados satisfactorios. De hecho, como bien sabemos nosotros que hemos tenido el dudoso privilegio de trabajar en la “post-edición” de las traducciones automáticas, están generalmente tan llenas de errores semánticos, frases torpes y oraciones incomprensibles que generalmente es más rápido y fácil comenzar una traducción desde cero que tratar de convertir una traducción automática en una representación precisa y legible de su texto original. Pero ¿por qué?

La respuesta a esta pregunta debe ser obvia, pero la popularidad de la idea errónea de que la traducción automática algún día va a sustituir la traducción humana es el producto de un concepto equívoco fundamental acerca de la naturaleza de la traducción en sí. Esta idea falsa es a lo que el traductor y traductólogo Lawrence Venuti se refiere como la concepción “instrumentalista” de la traducción, la perspectiva que ha predominado en el discurso sobre la traducción durante más de dos mil años. Según este enfoque, la traducción es una mera transferencia directa del significado de un código lingüístico a otro, un proceso para encontrar el “equivalente semántico” de una palabra, frase o concepto de un idioma en otro. El problema con la perspectiva instrumentalista es que la “equivalencia semántica” no es tan sencilla como se suele creer, ya que los valores semánticos de las palabras y frases individuales están conformados por su contexto más amplio. Por ejemplo, una frase en español tan engañosamente simple como el elemento de enlace “por otra parte” podría ser utilizada en un sentido similar al contrastivo en inglés “however“, o, por el contrario, en un sentido acumulativo como la palabra inglesa “furthermore“…  o incluso podría ser utilizada para marcar un cambio completo del tema (para lo cual realmente no existe una frase hecha equivalente en inglés). Para entender el sentido que se pretende, se requiere de una consideración de estructuras textuales más grandes, la cual todavía se encuentra más allá de la capacidad del software MT.

Además, fuera del propio texto, más alla de la estructura y la textura del mismo, el contexto que le da forma a su significado también incluye la intención del autor, el público al que está orientado y los valores sociales y culturales en que se lee y se entiende el texto. Es difícil imaginar un programa informático, por muy sofisticado que sea, con la capacidad de tomar todos estos factores en cuenta.

Frente a la concepción instrumentalista, Venuti plantea lo que él denomina la concepción “hermenéutica” de la traducción, bajo la cual el lenguaje no se considera una simple representación de la realidad objetiva, sino una interpretación de esa realidad, definida por las situaciones sociales y culturales en las que se utiliza. El acto de la traducción es, pues, un acto creativo,  no se trata de extraer el significado del texto original, sino de construir su significado subjetivo, basado (se espera) en una comprensión de la cultura de origen, pero también de acuerdo con el contexto nuevo de la cultura de destino. De hecho, se debe al carácter altamente subjetivo del acto de la traducción el hecho de que muchas veces los traductores no coincidan en la traducción “correcta” de un texto en particular, pues la traducción “correcta” depende de la interpretación subjetiva del traductor del texto original. Sobra decir que a pesar de la sofisticación que el software de traducción automática puede llegar a adquirir, es difícil imaginar que se pueda incorporar el componente de la interpretación subjetiva que  es la esencia del arte de la traducción. A medida que avanza la tecnología, la subjetividad sigue siendo una de las pocas propiedades humanas que las máquinas no pueden imitar.

Esto no quiere decir que la traducción automática no tenga valor. En una conferencia en el congreso Multi-Languages Translation Conference en Toronto el mes pasado, Venuti comentó que él había utilizado Google Translate como apoyo principal para una traducción reciente de un libro del catalán al inglés, ya que el poder extraer al azar una traducción de una frase de esta amplia base de datos de traducciones humanas ya realizadas resultaba útil en la búsqueda de la palabra justa en determinados momentos. Con frecuencia yo también he utilizado Google Translate de la misma forma, como un recurso de apoyo para mi trabajo, así como los diccionarios, glosarios y memorias de traducción. Es, simplemente, otra herramienta para traductores profesionales. Pero creer que el software MT podría sustituir a los traductores es como creer que las herramientas eléctricas podrían sustituir a los carpinteros. La traducción automática puede servir para facilitar el trabajo de los traductores profesionales; pero, en mi opinión, es más peligrosa que útil en manos de personas que carecen de los conocimientos lingüísticos necesarios y de la formación en traducción para entender cómo usarla, casi igual de peligrosa  que una sierra eléctrica en… bueno, en mis torpes e inexpertas manos, por ejemplo.

A modo de conclusión, a continuación les presento el texto original del párrafo que aparece al principio de este artículo, seguido por mi propio intento de traducción del mismo. Mi traducción también dista mucho de la perfección, pero creo que estarán de acuerdo en que, por lo menos, tiene la ventaja de ser la obra de un ser humano capaz de una interpretación subjetiva.

Sarita me sacó del fango, porque antes de conocerla el porvenir de la Humanidad me tenía sin cuidado. Ella me mostró el camino del espíritu, me hizo entender que todos los hombres somos iguales, que el único ideal digno es la lucha de clases y la victoria del proletariado; me hizo leer a Marx, a Engels y a Carlos Fuentes, ¿y todo para qué? Para destruirme después con su indiscreción.

Sarita pulled my head out of the sand, because before I met her I had no idea about where the human race was headed. She showed me the true path; she taught me that all men are equal, and that the only worthy ideal is the class struggle and the victory of the proletariat. She got me to read Marx, Engels and Carlos Fuentes. And all for what? To destroy me later with her lack of discretion.

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