Dos puntos de vista opuestos de la traducción literaria: Nabokov vs. Borges

Martin Boyd

La idea de que la traducción debe ser una representación fiel del texto de origen es un lugar común que muy pocos se atreven a discutir. Es un concepto que ha regido la mayor parte de lo que se ha escrito acerca de la traducción durante los últimos dos mil años, ya que los debates en el ámbito de la traductología suelen girar en torno a las cuestiones de los mejores métodos para lograr una representación “fiel”, ya sea la traducción de “sentido por sentido” de San Jerónimo o la recomendación de Schleiermacher de la técnica de “extranjerización”. Han sido muy pocos los casos en los que el debate haya tratado acerca de que si tal representación “fiel” es en efecto posible… o deseable.

Se puede encontrar un ejemplo típico de la suposición implícita de que la fidelidad al texto de partida debe ser el principio rector en la traducción en la “analítica de la traducción” propuesta por el traductólogo francés Antoine Berman. En esencia, la “analítica de la traducción” de Berman se trata de una taxonomía para clasificar los diferentes tipos de cambios de significado que se pueden dar en el proceso de la traducción de textos literarios. Berman clasifica estos cambios en doce “tendencias deformantes”, las cuales, según él, conspiran casi a pesar de la voluntad del traductor para “provocar que la traducción se desvíe de su objetivo esencial” (286). Sobra decir que este objetivo esencial es la fidelidad absoluta al texto fuente, la cual Berman postula como una obligación ética del traductor.

Esta idea de la fidelidad conlleva una asunción implícita de la santidad y la incorruptibilidad del texto de origen, que es probablemente un legado del debate sobre la traducción de los textos sagrados como la Biblia, tema principal de los traductores y traductólogos durante gran parte de la historia de la traducción. Debido a su carácter sagrado, el texto de origen debe ser llevado lo más  “incólume” posible al idioma de destino. Berman ofrece una imagen contundente de esta idea al emplear la imagen de la traducción planteada por Foucault, es decir, “pensar en el texto original como proyectil y tratar la lengua de traducción como blanco” (285). De acuerdo con esta imagen, los problemas tales como el lenguaje que suena contranatural o la incomprensibilidad para los lectores en el idioma de destino, podrían ser vistos simplemente como daños colaterales.

El autor y traductor ruso Vladimir Nabokov lleva la posición defendida por Berman hasta su extremo lógico. De hecho, su punto de vista al respecto lo hace parecer casi como una caricatura de la escuela literalista de la traducción. Nabokov comienza un artículo sobre su experiencia vivida con la traducción de Onegin de Pushkin con un ataque injurioso contra cualquier traducción juzgada como “legible”, ya que esto significa, sin duda, que es el producto de un traductor “bribón” que ha cometido el gran crimen de realizar una “traducción libre” (71). Su afirmación de que “la traducción literal más torpe es mil veces más útil que la paráfrasis más bonita” (71, énfasis añadido) es revelador, ya que sugiere que la “utilidad” debe estar por encima de las consideraciones estéticas en la traducción literaria. Si aplicamos este criterio a la literatura en general, lo absurdo de la posición de Nabokov queda claro (¿de qué manera puede ser “útil” la literatura?). Su insistencia en “notas al pie que se yerguen como rascacielos” (82) no es una receta para la gran literatura. Tal vez por eso, no es de extrañar que el traductólogo Willis Barnstone describa la traducción de Onegin de Nabokov como “no leída y difícil de leer” (Barnstone 48).

Como antídoto al extremismo de Nabakov quiero proponer la perspectiva del autor y traductor argentino Jorge Luis Borges, una perspectiva que es verdaderamente refrescante en su total desprecio por los puntos de vista tradicionales que de manera implícita (o explícita) consideran el texto original como algo sagrado. En su artículo sobre la traducción de Las mil y una noches, Borges ofrece un entretenido relato de varios traductores europeos de dicha obra clásica de la literatura, que se tomaron libertades tan extremas con su fuente que seguramente habrían provocado un ataque de rabia en nuestro amigo Nabokov. Sin embargo, para Borges, el traductor francés Dr. Mardrus, cuya traducción de una frase de diez palabras del original de las Noches a un párrafo de siete líneas incurre en al menos tres de las “deformaciones” de Berman (a saber: aclaración, ampliación y ennoblecimiento), debe ser alabado, no por su fidelidad (obviamente), sino por su “infidelidad creadora y feliz” (45). Por otro lado, Borges critica las traducciones secas, aunque técnicamente precisas, de las Noches al alemán por su falta de contribución a la literatura, pues comenta que “el comercio de las Noches y de Alemania debió producir algo más” (46).

Las evaluaciones de Borges de estas traducciones sugieren una perspectiva muy diferente sobre el papel de la traducción, no como un instrumento que se utiliza para lanzar el texto de origen con violencia al idioma de destino, sino como un medio de intercambio, a través del cual el texto fuente y la cultura de destino pueden enriquecerse mutuamente. Obviamente, tal enriquecimiento mutuo no puede tener lugar si los traductores han de ser limitados por la obligación, supuestamente ética, de someter a todos ―incluyendo a sus lectores― a la santidad suprema del texto de origen.

Obras citadas
Berman, Antoine. “Translation and the Trials of the Foreign”. Translation Studies Reader. L. Venuti (ed.). Londres: Routledge, 1999. 284-297.
Barnstone, W. Poetics of Translation: History, Theory, Practice. New Haven: Yale University Press, 1993.
Borges, Jorge Luis. “The Translators of the Thousand and One Nights”. Translation Studies Reader. L. Venuti (ed.). Londres: Routledge, 1999. 34-48.
Nabokov, Vladimir. “Problems of Translation: Onegin in English”. Translation Studies Reader. L. Venuti (ed.). Londres: Routledge, 1999. 71-83.

3 comentarios en “Dos puntos de vista opuestos de la traducción literaria: Nabokov vs. Borges

  1. La traducción técnica sería literal, pero funcional, tratando de reproducir o describir la fucnión u objeto equivalente en el idioma de llegada, si éste faltara. La traducción literaria debe reproducir el hecho o situación originales hasta donde se pueda, si se llega el caso reescribiédolos en el idioma al que se traduce

  2. He descubierto hace poco este foro, y desde entonces lo leo con mucho placer. También soy traductora, aunque comencé tarde la carrera, mucho después de haberme graduado. Aprecio mucho la combinación de sensibilidad y sentido común en los artículos publicados, y encuentro en ellos lo que siento yo misma: el placer de la traducción.

  3. Muchas gracias a los dos por sus comentarios. Christine, me alegro mucho que disfrutes de los artículos publicados en el Foro. Siempre estoy buscando colaboraciones de traductores, así que si te interesa colaborar con un artículo, por favor ponte en contacto conmigo al [email protected]
    Saludos,
    Martin Boyd

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