Experiencia canadiense

Brian Kennedy

El término “experiencia canadiense” es muy bien conocido por los miembros de la comunidad hispana en Canadá. Para muchos, dicho término se ha convertido en una especie de código que se utiliza para hacer referencia a las barreras para la integración enfrentadas por los recién llegados a este país. En concreto, se refiere al pretexto que utilizan muchos empleadores canadienses para excluir de manera automática a los profesionales extranjeros a la hora de contratar. La justificación para esta práctica se basa en la idea de que los profesionales extranjeros carecen de una cierta comprensión básica de cómo funcionan las cosas en Canadá, y la experiencia que han obtenido en el extranjero, por extensa que sea, no cuenta porque dicha comprensión, un requisito previo vital para ser capaz de trabajar en este país, sólo puede adquirirse… sí, lo has adivinado, trabajando en este país.

Así, “experiencia canadiense” ha adquirido una connotación en la comunidad hispanocanadiense (y probablemente en muchas otras comunidades de inmigrantes canadienses) similar al clásico círculo vicioso de “Catch 22“: se necesita experiencia canadiense para poder trabajar en Canadá, pero no se puede tener la oportunidad de trabajar aquí porque no se cuenta con la experiencia canadiense. La noción es cómica, pero para los profesionales altamente experimentados que vienen a este país con la impresión de que Canadá es un lugar de oportunidades para ellos (una impresión, hay que enfatizarlo, fomentada por política de inmigración de Canadá, la cual favorece a los profesionales con experiencia), se trata de una fuente de mucha frustración. Y aunque el razonamiento que sustenta el requisito de “experiencia canadiense” les parezca lógico a muchos empleadores canadienses, los supuestos que lo respaldan son en realidad racistas.

Es alentador observar que este hecho vergonzoso ya ha sido reconocido como tal por la Comisión de Derechos Humanos de Ontario (OHRC), entidad que a principios de este año promulgó una nueva directriz de política que denuncia como “discriminación prima facie” la práctica entre los empleadores de Ontario de imponer la “experiencia canadiense” como un requisito de empleo, y establece que la misma sólo podrá ser utilizada en” circunstancias muy limitadas” que deben cumplir con los criterios estipulados por la nueva directriz.

Por otro lado, es igualmente desalentador observar que, a pesar del reconocimiento por parte de la OHRC de que el requisito arbitrario de “experiencia canadiense” es una violación de los derechos humanos, muchos canadienses no perciben las suposiciones implícitamente racistas que subyacen tras la práctica, tal como se muestra en algunos de los comentarios de los lectores de un artículo publicado esta semana en el Toronto Star sobre la nueva iniciativa de la OHRC.

Podemos clasificar dichas suposiciones en dos categorías básicas. La primera es la noción, completamente infundada pero afirmada sin reflexión por muchos comentaristas, de que las normas laborales canadienses son intrínsecamente superiores a las de otros países. El escenario que se plantea es que todas las empresas canadienses, por el hecho de ser canadienses, siempre cumplen con las normas más estrictas del mundo. Por lo tanto, tal como señala una comentarista, los profesionales extranjeros que provengan de uno de los países del mundo donde las empresas “no cumplen plenamente con las normas de seguridad” no van a ser capaces de arreglárselas en un ambiente canadiense, donde las normas de seguridad son sumamente estrictas. Dicha afirmación no solo carece de fundamento sino que es descaradamente falsa; si bien hay algunas empresas en el extranjero que economizan esfuerzos en cuestiones de seguridad, existe abundante evidencia de que las compañías canadienses tampoco son inmunes a tales tendencias, tal como se muestra, por ejemplo, en la reciente tragedia ferroviaria en Lac-Mégantic. Esta suposición de superioridad canadiense, sin fundamento y contraria a toda evidencia, queda expuesta por lo tanto como racismo puro y duro.

La segunda categoría, la que a mí me parece aun más inquietante, es la suposición de que los derechos humanos de los canadienses sean más importantes que los de los extranjeros. En este sentido, una de las comentaristas afirma no tener “ninguna simpatía” por la difícil situación de los recién llegados que no pueden encontrar trabajo porque ella tiene amigos nacidos en Canadá que tampoco han podido encontrar empleo. Muchos otros comentaristas defienden el requisito discriminatorio de la “experiencia canadiense” con base en que no sería justo colocar a un extranjero en un mismo nivel de oportunidades con un canadiense en la competencia por puestos de trabajo; a los canadienses se les debe dar prioridad. Esta idea, la cual sugiere una especie de sistema de castas que coloca a las personas nacidas en el extranjero en un estrato social por debajo de las personas nacidas en el país, es una forma de racismo que resulta escandaloso encontrar en un país construido con base en la inmigración.

Hay otros argumentos aparentemente más “razonables” para la “experiencia canadiense” planteados por los críticos de la directriz de la OHRC, pero estos tampoco resisten un escrutinio minucioso. Uno de los argumentos populares, por ejemplo, es que los profesionales extranjeros son menos propensos a conocer los reglamentos canadienses específicos de su industria. Sin embargo, la cada vez mayor internacionalización de las normas industriales implica que un profesional de Buenos Aires o Barcelona puede estar tan familiarizado con las normas que se aplican en una compañía canadiense como un profesional de Mississauga en la misma industria. El auge de la interconexión global también hace que el argumento de que las credenciales extranjeras no pueden ser verificadas, sea cada vez más dudoso. De hecho, son precisamente estos fenómenos de internacionalización e interconexión mundial los que han convertido la experiencia internacional de profesionales extranjeros en una ventaja de la que las empresas canadienses no pueden prescindir.

La directriz de la OHRC representa un avance prometedor en Ontario para los inmigrantes de países hispanos que traen la riqueza de su experiencia para beneficio de nuestro país. Hay que esperar que, con el tiempo, este cambio también tenga el efecto de eliminar el racismo oculto que dio lugar al requisito de “experiencia canadiense” en primer lugar.

Brian Kennedy es profesor del inglés jubilado y escritor ocasional, originario de Toronto, quien en la actualidad divide su tiempo entre México y Canadá.

1 comentario en “Experiencia canadiense

  1. Estoy totalmente de acuerdo con el escritor del artículo, es racismo, absolutamente, a pesar como dice, que éste país esté construido por inmigrantes.

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