Congreso anual de la ALTA. La perspectiva de un novato

Liam Walke

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Sentado en el Aeropuerto Internacional de Indianápolis, de regreso a casa tras asistir al congreso anual de la Asociación Americana de Traductores Literarios (ALTA) en Bloomington Indiana, traté de pensar en el enfoque que podría darle a este artículo. Después de asistir a una decena de conferencias, conocer a mucha gente, y establecer varios contactos personales y profesionales, ¿cómo iba a transformar todo esto en una reflexión coherente?

En primer lugar, ¿cuáles eran mis expectativas? Pensé que me iba a encontrar entre traductores profesionales para los cuales la literatura no sería más que un pasatiempo, aunque lo hicieran con mucha pasión. Estaba equivocado. En efecto, yo era uno de los pocos traductores independientes. La gran mayoría estaba vinculada, de una forma u otra, con una universidad. Ya se tratara de un erudito o profesor, de un maestro de idiomas, de un catedrático o de un estudiante de posgrado, la primera pregunta de casi todos era alguna variante de: “Entonces, ¿en qué universidad enseñas?”

En realidad, esta pregunta, invariablemente se convirtió en un interrogatorio que se desarrolló más o menos así: “¿De dónde eres? Ah, de Montreal, una hermosa ciudad… entonces, ¿eres profesor en la Universidad de McGill? ¿No? ¿Eres estudiante de posgrado? Entonces, ¿cuál es tu enfoque? ¿Qué tipo de cosas publicas más?”. Tengo que confesar que al principio me sentí un poco avergonzado al responder a esta oleada de preguntas iniciales con: “no, no soy profesor, ni estudiante de posgrado, no tengo título de postgrado y no he publicado nada”. Aunque supongo que todos tenemos que empezar en algún momento. Y es así que me hicieron sentir en casa a pesar de ser extranjero, tanto en términos de experiencia como de nacionalidad. Muchas personas, especialmente Pamela Carmell, Barbara Pashke, Brett Alan Sanders, Andrea Labinger y Jordan Smith, me animaron a pesar de –o más bien a causa de– mi falta de experiencia, y agradezco a todos los que me dieron la bienvenida y su apoyo.

Los expertos –personas que trabajan en el sector– siempre me han dicho que es imposible ganarse la vida como traductor literario. Yo nunca lo cuestioné. No obstante este punto se recalcó en una mesa de discusión sobre dinero y cómo garantizar financiamiento para los proyectos literarios. Hubo un momento en el que el moderador preguntó a los cerca de 80 participantes cuántos se ganaban la vida  solamente traduciendo. Levantaron la mano unas 20 personas. La siguiente pregunta fue cuántos se ganaban la vida haciendo traducciones literarias: una mano. La mujer a la que pertenecía esta mano aclaró más tarde que estaba “casada con un trabajo de tiempo completo”.

En efecto, es un hecho bastante conocido dentro de los círculos literarios que sólo un 3% de los libros vendidos en el mundo angloparlante son obras traducidas. Así que si la mayoría de los poetas de hoy en día necesita otra fuente de ingresos, imagínate la persona que traduce su poesía… ¿La moraleja de esta historia? Olvídalo, Liam, nunca va a suceder. La traducción literaria es un pasatiempo y una pasión, no un trabajo.

Aunque como participante por primera vez en el congreso de la ALTA no dirigí un taller ni participé en la serie de lectura bilingüe, sí tuve la oportunidad de exponer mi trabajo en la “declamación” informal de la noche del viernes. Hasta donde sé, yo era el único primerizo del congreso que participaba en este evento. Recité mi traducción de “Vocación y argumento” del libro Razones para huir de una ciudad con frío del poeta español Fernando Valverde; obra en la que llevo trabajando casi un año. Aunque no recibí ninguna oferta de parte de alguna editorial, un gran número de colegas, tanto editores como traductores, se acercaron después para felicitarme por mi presentación y por mi traducción. Siempre es agradable recibir el reconocimiento de tus compañeros (¡y de tus superiores!).

En el congreso se ofrecieron talleres, conferencias y lecturas bilingües. El dilema de decidir a cuál evento asistir me recordó a cuando iba al Ottawa Folk Festival de niño o a cualquier festival de música. Siempre hay dos o tres opciones que parecen casi igualmente interesantes. Pero como no podía dividirme, traté de repartir mi tiempo entre las pláticas de carácter práctico sobre cómo lograr que publiquen tu trabajo y asegurar un financiamiento; las conferencias técnicas y académicas que se centraron en los tipos de problemas que se plantean en la traducción de ciertos géneros y, por último, la serie de lecturas bilingües, donde los traductores leían fragmentos de una obra original y de su propia traducción.

Algunos de los aspectos más valiosos que extraje del congreso de la ALTA fueron menos académicos y menos técnicos de lo que hubiera esperado. En cuanto a las técnicas de traducción, teorías e incluso mecanismos del sector de la traducción, no aprendí muchísimo. Más bien, mis conocimientos y entendimientos previos se vieron reforzados y tal vez también algo matizados. Me siento más enriquecido por las relaciones personales y profesionales que establecí, además de haber descubierto  algunos grandes poetas de culturas que nunca había leído (sobre todo el japonés Yoshimasu Gozo y el ya fallecido Taha Muhammad Ali de Palestina).

Para la serie de lecturas bilingües me enfoqué en las de español-inglés, y de nuevo me dio mucho gusto descubrir algunos nuevos autores que tengo que leer, como Alicia Kozameh de Argentina. Las lecturas también me recordaron acerca de la necesidad de seguir leyendo obras originales en español para mantenerme al día. Vivir en Canadá hace que explorar la literatura contemporánea en español sea un poco difícil, pues significa que tengo que juzgar un libro, ni siquiera por su portada, sino por la diminuta imagen y el resumen que aparecen en la pantalla cuando lo compro en línea. ¡Después de esto sólo me queda cruzar los dedos!

Para mí, este congreso fue una experiencia de aprendizaje, la ocasión de conocer a profesionales del sector y de hacer contactos que, con un poco de suerte, traerán nuevas oportunidades. Realmente ha sido una especie de iniciación a la comunidad de la traducción literaria de América del Norte.

Así que a pesar de nuestras diferencias –el hecho de ser un traductor inédito sin doctorado ni afiliación a una universidad– todos los presentes en el congreso de la ALTA de este año teníamos algo en común. Ya sea poeta, traductor independiente, estudiante de posgrado o académico, cada uno de nosotros comparte un amor por la literatura y, aún más importante, el deseo de poner la literatura extranjera a disposición de un público angloparlante. Cada uno siente pasión por la posibilidad de transmitir una cultura, un marco de referencia inmerso en la historia de su pueblo a un público de lectores que quieren saber sobre el mundo. Luchamos contra las diferencias sutiles y  la idea, tanto aterradora como seductora, de lo “intraducible”, la cual nos invita a esforzarnos. Y así pues, traducimos para que otros puedan leer.

Liam Walke es traductor independiente (español/francés>inglés) radicado en Montreal. Publica su propia poesía y prosa en el sitio loves, leaves, lines.

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