{"id":1147,"date":"2007-04-15T13:11:01","date_gmt":"2007-04-15T13:11:01","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=1147"},"modified":"2012-08-23T13:15:07","modified_gmt":"2012-08-23T13:15:07","slug":"1147","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2007\/04\/1147\/","title":{"rendered":"La pesadilla de Honorio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Rub\u00e9n Dar\u00edo<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde? A lo lejos, la perspectiva abrumadora y monumental de extra\u00f1as arquitecturas, \u00f3rdenes visionarios, estilos de un orientalismo portentoso y desmesurado. A sus pies un suelo l\u00edvido; no lejos, una vegetaci\u00f3n de \u00e1rboles flacos, desolados, tendiendo hacia un cielo implacable, silencioso y raro, sus ramas suplicantes, en la vaga expresi\u00f3n de un mudo lamento. En aquella soledad Honorio siente la posesi\u00f3n de una fr\u00eda pavura&#8230;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo? Es en una hora inmemorial, grano escapado quiz\u00e1s del reloj del tiempo. La luz que alumbra no es la del sol; es como la enfermiza y fosforescente claridad de espectrales astros. Honorio sufre el influjo de un momento fatal, y sabe que en esa hora incomprensible todo est\u00e1 envuelto en la dolorosa bruma de una universal angustia. Al levantar sus ojos a la altura un estremecimiento recorre el cordaje de sus nervios: han surgido del hondo cielo constelaciones misteriosas que forman enigm\u00e1ticos signos anunciadores de pr\u00f3ximos e irremediables cat\u00e1strofes&#8230; Honorio deja escapar de sus labios, oprimido y aterrorizado, un lamentable gemido: \u00a1Ay!&#8230;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Honorio1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1148\" title=\"Honorio\" src=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Honorio1-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Honorio1-300x200.jpg 300w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Honorio1.jpg 356w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Y como si su voz tuviese el poder de una fuerza demi\u00fargica, aquella inmensa ciudad llena de torres y rotondas, de arcos y espirales, se desplom\u00f3 sin ruido ni fracaso, cual se rompe un fino hilo de ara\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo y por qu\u00e9 apareci\u00f3 en la memoria de Honorio esta frase de un so\u00f1ador: la tiran\u00eda del rostro humano? \u00c9l la escuch\u00f3 dentro de su cerebro, y cual si fuese la v\u00edctima propiciatoria ofrecida a una cruel deidad, comprendi\u00f3 que se acercaba el instante del martirio, del horrible martirio que le ser\u00eda aplicado&#8230;<br \/>\n\u00a1Oh sufrimiento inexplicable del condenado solitario! Sus miembros se petrificaron, amarrados con ligaduras de pavor; sus cabellos se erizaron como los de Job cuando pas\u00f3 cerca de \u00e9l un esp\u00edritu; su lengua se peg\u00f3 al paladar, helada e inm\u00f3vil; y sus ojos abiertos y fijos empezaron a contemplar el anonadador desfile. Ante \u00e9l hab\u00eda surgido la infinita legi\u00f3n de las Fisonom\u00edas y el ej\u00e9rcito innumerable de los Gestos.<\/p>\n<p>Primero fueron los rostros enormes que suelen ver los nerviosos al comenzar el sue\u00f1o, rostros de gigantes joviales, amenazadores, pensativos o enternecidos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s&#8230;<\/p>\n<p>Poco a poco fue reconociendo en su penosa visi\u00f3n estas o aquellas l\u00edneas, perfiles y facciones: un baj\u00e1 de calva frente y los ojos amodorrados; una faz de rey asirio, con la barba en trenzas; un Vitelio con la papada gorda, y un negro, negro, muerto de risa. Una m\u00e1scara blanca se multiplicaba en todas las expresiones: Pierrot. Pierrot indiferente, Pierrot amoroso, Pierrot abobado, Pierrot terrible, Pierrot, desmay\u00e1ndose de hilaridad; doloroso, p\u00edcaro, inocente, vanidoso, cruel, dulce, criminal: Pierrot mostraba el poema de su alma en arrugas, muecas, gui\u00f1os y retorcimientos faciales. Tras \u00e9l los tipos de todas las farsas y las encarnaciones simb\u00f3licas. As\u00ed erig\u00edan enormes chisteras grises, cien congestionados johmbulles y atroces t\u00edosamueles, tras los cuales Punch encend\u00eda la malicia de sus miradas sobre su curva nariz. Cerca de un mandar\u00edn amarillo de ojos circunflejos, y bigotes ojivales, un inflado fraile, cuya cara cucurbit\u00e1cea ten\u00eda incrustadas dos jud\u00edas negras por pupilas; largas narices francesas, potentes mand\u00edbulas alemanas, bigotazos de Italia, ce\u00f1os espa\u00f1oles; rostros ex\u00f3ticos: el del negro rey Baltasar, el del malayo de Quincey, el de un persa, el de un gaucho, el de un torero, el de un inquisidor&#8230; \u00abOh, Dios m\u00edo&#8230;\u00bb &#8211;suplic\u00f3 Honorio&#8211;. Entonces oy\u00f3 distintamente una voz que le dec\u00eda: \u00ab\u00a1A\u00fan no, sigue hasta el fin!\u00bb Y apareci\u00f3 la muchedumbre hormigueante de la vida banal de las ciudades, las caras que representan a todos los estados, apetitos, expresiones, instintos, del ser llamado Hombre; la ancha calva del sabio de los espejuelos, la nariz ornada de rabiosa pedrer\u00eda alcoh\u00f3lica que luce en la faz del banquero obeso; las bocas torpes y gruesas; las quijadas salientes y los p\u00f3mulos de la bestialidad; las faces l\u00edvidas, el aspecto del rentista cacoquimio; la mirada del t\u00edsico, la risa dignamente est\u00fapida del imb\u00e9cil de sal\u00f3n, la expresi\u00f3n suplicante del mendigo; estas tres especialidades; el tribuno, el martillero y el charlat\u00e1n, en las distintas partes de sus distintas arengas; \u00ab\u00a1Socorro!\u00bb exclam\u00f3 Honorio.<\/p>\n<p>Y fue entonces la irrupci\u00f3n de las M\u00e1scaras, mientras en el cielo se desvanec\u00eda un suave color de oro oriental. \u00a1La legi\u00f3n de las M\u00e1scaras! Se present\u00f3 primero una m\u00e1scara de actor griego, horrorizada y tr\u00e1gica, tal como la faz de Orestes delante de las Eum\u00e9nides implacables; y otra riente, como una g\u00e1rgola surtidora de chistes. Luego por un fen\u00f3meno mnem\u00f3nico, Honorio pens\u00f3 en el teatro japon\u00e9s, y ante su vista floreci\u00f3 un diluvio de m\u00e1scaras niponas: la risue\u00f1a y desdentada del tesoro de Idzoukoushima, una de Dem\u00e9 Jioman, cuyas mejillas recogidas, frente labrada por triple arruga vermicular y extendidas narices, le daban un aspecto de suprema jovialidad bestial; caras de Noriaki, de una fealdad agresiva; muecas de Quasimodo asi\u00e1ticos, y radiantes m\u00e1scaras de dioses, todas de oro. De China Lao-tse, con un inmenso cr\u00e1neo; Pou-tai, el sensual con su risa de idiota; de Konei-Sing, dios de la literatura, la m\u00e1scara mefistof\u00e9lica; y con sus cascos, perillas y bigotes escasos, desfilan las de mandarines y guerreros. Por \u00faltimo vio Honorio como un incendio de carmines y bermellones, y revol\u00f3 ante sus miradas el enjambre carnavalesco. Todos los ojos: almendrados, redondos, triangulares, casi amorfos; todas las narices: chatas, roxelanas, borb\u00f3nicas, erectas, c\u00f3nicas, f\u00e1licas, innobles, cavernosas, conventuales, marciales, insignes; todas las bocas: arqueadas, en media luna, en ojiva, hechas con sacabocado, de labios carnosos, m\u00edsticas, sensuales, golosas, abyectas, caninas, batracias, h\u00edpicas, asnales, porcunas, delicadas, desbordadas, desbridadas, retorcidas&#8230;; todas las pasiones, la gula, la envidia, la lujuria, los siete pecados capitales multiplicados por setenta veces siete&#8230;<\/p>\n<p>Y Honorio no pudo m\u00e1s: sinti\u00f3 un s\u00fabito desmayo, y qued\u00f3 en una dulce penumbra de ensue\u00f1o, en tanto que llegaban a sus o\u00eddos los acordes de una alegre comparsa de Carnestolendas&#8230;<\/p>\n<p><em>La influencia enorme del escritor nicarag\u00fcense Rub\u00e9n Dar\u00edo (1867-1916) sobre la literatura latinoamericana del \u00faltimo siglo es incuestionable. Sus temas fant\u00e1sticos, sus im\u00e1genes surrealistas y su lenguaje sofisticado cargado de alusiones literarias llegaron a ser los sellos de la ficci\u00f3n latinoamericana desde entonces. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rub\u00e9n Dar\u00edo \u00bfD\u00f3nde? A lo lejos, la perspectiva abrumadora y monumental de extra\u00f1as arquitecturas, \u00f3rdenes visionarios, estilos de un orientalismo portentoso y desmesurado. 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