{"id":1153,"date":"2007-04-15T13:18:00","date_gmt":"2007-04-15T13:18:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=1153"},"modified":"2012-08-23T13:22:39","modified_gmt":"2012-08-23T13:22:39","slug":"las-medias-de-los-flamencos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2007\/04\/las-medias-de-los-flamencos\/","title":{"rendered":"Las medias de los flamencos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Horacio Quiroga<\/strong><\/p>\n<p>Cierta vez las v\u00edboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacar\u00e9s y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del r\u00edo, los peces estaban asomados a la arena, y aplaud\u00edan con la cola.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Los yacar\u00e9s, para adornarse bien, se hab\u00edan puesto en el pescuezo un collar de pl\u00e1tanos, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se hab\u00edan pegado escamas de peces en todo el cuerpo, y caminaban mene\u00e1ndose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del r\u00edo, los peces les gritaban haci\u00e9ndoles burla.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/flamencos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1154\" title=\"flamencos\" src=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/flamencos-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/flamencos-225x300.jpg 225w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/flamencos.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Las ranas se hab\u00edan perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Adem\u00e1s, cada una llevaba colgada, como un farolito, una luci\u00e9rnaga que se balanceaba.<\/p>\n<p>Pero las que estaban hermos\u00edsimas eran las v\u00edboras. Todas, sin excepci\u00f3n, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada v\u00edbora. Las v\u00edboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yarar\u00e1s, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque as\u00ed es el color de las yarar\u00e1s.<\/p>\n<p>Y las m\u00e1s espl\u00e9ndidas de todas eran las v\u00edboras de que estaban vestidas con largu\u00edsimas gasas rojas, y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las v\u00edboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaud\u00edan como locos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo los flamencos, que entonces ten\u00edan las patas blancas, y tienen ahora como antes la nariz muy gruesa y torcida, s\u00f3lo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no hab\u00edan sabido c\u00f3mo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las v\u00edboras de coral.<\/p>\n<p>Cada vez que una v\u00edbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se mor\u00edan de envidia.<\/p>\n<p>Un flamenco dijo entonces: \u2014Yo s\u00e9 lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las v\u00edboras de coral se van a enamorar de nosotros.<\/p>\n<p>Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el r\u00edo y fueron a golpear en un almac\u00e9n del pueblo.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Tan-tan! \u2014pegaron con las patas.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQui\u00e9n es? \u2014respondi\u00f3 el almacenero.<\/p>\n<p>\u2014Somos los flamencos. \u00bfTiene medias coloradas, blancas y negras?<\/p>\n<p>\u2014No, no hay \u2014contest\u00f3 el almacenero\u2014. \u00bfEst\u00e1n locos? En ninguna parte van a encontrar medias as\u00ed. Los flamencos fueron entonces a otro almac\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Tan-tan! \u00bfTienes medias coloradas, blancas y negras?<\/p>\n<p>El almacenero contest\u00f3: \u2014 \u00bfC\u00f3mo dice? \u00bfColoradas, blancas y negras? No hay medias as\u00ed en ninguna parte. Ustedes est\u00e1n locos. \u00bfQui\u00e9nes son?<\/p>\n<p>\u2014Somos los flamencos\u2014 respondieron ellos.<\/p>\n<p>Y el hombre dijo:<br \/>\n\u2014Entonces son con seguridad flamencos locos.<\/p>\n<p>Fueron a otro almac\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Tan-tan! \u00bfTiene medias coloradas, blancas y negras?<\/p>\n<p>El almacenero grit\u00f3: \u2014 \u00bfDe qu\u00e9 color? \u00bfColoradas, blancas y negras? Solamente a p\u00e1jaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias as\u00ed. \u00a1V\u00e1yanse en seguida!<\/p>\n<p>Y el hombre los ech\u00f3 con la escoba.<\/p>\n<p>Los flamencos recorrieron as\u00ed todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos. Entonces un tat\u00fa, que hab\u00eda ido a tomar agua al r\u00edo se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haci\u00e9ndoles un gran saludo: \u2014 \u00a1Buenas noches, se\u00f1ores flamencos! Yo s\u00e9 lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias as\u00ed en ning\u00fan almac\u00e9n. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendr\u00e1n que pedirlas por encomienda postal. Mi cu\u00f1ada, la lechuza, tiene medias as\u00ed. P\u00eddanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.<\/p>\n<p>Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron: \u2014 \u00a1Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las v\u00edboras, y si nos ponemos esas medias, las v\u00edboras de coral se van a enamorar de nosotros.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Con mucho gusto! \u2014respondi\u00f3 la lechuza\u2014. Esperen un segundo, y vuelvo en seguida.<\/p>\n<p>Y echando a volar, dej\u00f3 solos a los flamencos; y al rato volvi\u00f3 con las medias. Pero no eran medias, sino cueros de v\u00edboras de coral, lind\u00edsimos cueros reci\u00e9n sacados a las v\u00edboras que la lechuza hab\u00eda cazado.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed est\u00e1n las medias \u2014les dijo la lechuza\u2014. No se preocupen de nada, sino de una sola cosa: bailen toda la noche, bailen sin parar un momento, bailen de costado, de cabeza, como ustedes quieran; pero no paren un momento, porque en vez de bailar van entonces a llorar.<\/p>\n<p>Pero los flamencos, como son tan tontos, no comprend\u00edan bien qu\u00e9 gran peligro hab\u00eda para ellos en eso, y locos de alegr\u00eda se pusieron los cueros de las v\u00edboras como medias, metiendo las patas dentro de los cueros, que eran como tubos. Y muy contentos se fueron volando al baile.<\/p>\n<p>Cuando vieron a tos flamencos con sus hermos\u00edsimas medias, todos les tuvieron envidia. Las v\u00edboras quer\u00edan bailar con ellos \u00fanicamente, y como los flamencos no dejaban un Instante de mover las patas, las v\u00edboras no pod\u00edan ver bien de qu\u00e9 estaban hechas aquellas preciosas medias.<\/p>\n<p>Pero poco a poco, sin embargo, las v\u00edboras comenzaron a desconfiar. Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban hasta el suelo para ver bien. Las v\u00edboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban la vista de las medias, y se agachaban tambi\u00e9n tratando de tocar con la lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de las v\u00edboras es como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban sin cesar aunque estaban cansad\u00edsimos y ya no pod\u00edan m\u00e1s.<\/p>\n<p>Las v\u00edboras de coral, que conocieron esto, pidieron en seguida a las ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a que los flamencos se cayeran de cansados. Efectivamente, un minuto despu\u00e9s, un flamenco, que ya no pod\u00eda m\u00e1s, tropez\u00f3 con el cigarro de un yacar\u00e9, se tambale\u00f3 y cay\u00f3 de costado; En seguida las v\u00edboras de coral corrieron con sus farolitos, y alumbraron bien las patas del flamenco. Y vieron qu\u00e9 eran aquellas medias, y lanzaron un silbido que se oy\u00f3 desde la otra orilla del<br \/>\nParan\u00e1.<\/p>\n<p>-\u00a1No son medias!-gritaron las v\u00edboras-. \u00a1Sabemos lo que es! \u00a1Nos han enga\u00f1ado! \u00a1Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como medias! \u00a1Las medias que tienen son de v\u00edboras de coral!<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto, los flamencos, llenos de miedo porque estaban descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una sola pata. Entonces las v\u00edboras de coral se lanzaron sobre ellos, y enrosc\u00e1ndose en sus patas les deshicieron a mordiscones las medias. Les arrancaron las medias a pedazos, enfurecidas, y les mord\u00edan tambi\u00e9n las patas, para que murieran. Los flamencos, locos de dolor, saltaban de un lado para otro sin que las v\u00edboras de coral se desenroscaran de sus patas. Hasta que al fin, viendo que ya no quedaba un solo pedazo de media las v\u00edboras los dejaron libres, cansadas y arregl\u00e1ndose las gasas de sus trajes de baile. Adem\u00e1s, las v\u00edboras de coral estaban seguras de que los flamencos iban a morir, porque la mitad, por lo menos, de las v\u00edboras de coral que los hab\u00edan mordido, eran venenosas.<\/p>\n<p>Pero los flamencos no murieron, corrieron a echarse al agua, sintiendo un grand\u00edsimo dolor. Gritaban de dolor, y sus patas, que eran blancas, estaban entonces coloradas por el veneno de las v\u00edboras. Pasaron d\u00edas y d\u00edas, y siempre sent\u00edan terrible ardor en las patas, y las ten\u00edan siempre de color de sangre, porque estaban envenenadas.<\/p>\n<p>Hace de esto much\u00edsimo tiempo. Y ahora todav\u00eda est\u00e1n los flamencos casi todo el d\u00eda con sus patas coloradas metidas en el agua, tratando de calmar el ardor que sienten en ellas. A veces se apartan de la orilla, y dan unos pasos por la tierra, para ver c\u00f3mo se hallan. Pero los dolores del veneno vuelven en seguida, y corren a meterse en el agua. A veces el ardor que sienten es tan grande, que encogen una pata y quedan as\u00ed horas enteras, porque no pueden estirarla. Esta es la historia de los flamencos, que antes ten\u00edan las patas blancas y ahora las tienen coloradas. Todos los pescados saben por qu\u00e9 es, y se burlan de ellos. Pero los flamencos, mientras se curan en el agua, no pierden ocasi\u00f3n de vengarse, comi\u00e9ndose a cuanto pescadito se acerca demasiado a burlarse de ellos.<\/p>\n<p><em>Seguidor de la escuela modernista fundada por Rub\u00e9n Dar\u00edo, y muy influido por las obras de Edgar Allen Poe, el cuentista uruguayo Horacio Quiroga es un maestro del cuento macabro. Hasta sus cuentos humor\u00edsticos, tal como el que se incluye aqu\u00ed, son te\u00f1idos con elementos tr\u00e1gicos e incluso horrorosos para mostrar la justicia salvaje y brutal de la Naturaleza. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Horacio Quiroga Cierta vez las v\u00edboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacar\u00e9s y a los peces. 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