{"id":1253,"date":"2007-11-15T20:16:23","date_gmt":"2007-11-15T20:16:23","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=1253"},"modified":"2012-08-24T20:24:01","modified_gmt":"2012-08-24T20:24:01","slug":"el-abrazo-de-guayaquil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2007\/11\/el-abrazo-de-guayaquil\/","title":{"rendered":"El abrazo de Guayaquil"},"content":{"rendered":"<p><strong>Fabiola Flores<\/strong><\/p>\n<p>La historia es como el velo de Pen\u00e9lope, ejercicio de hilar y deshilar; dicha idea me asalta una y otra vez en tardes lluviosas como esta. Revivo los hechos de mi historia inmediata para masticar este pensamiento, esa que ha llegado hasta m\u00ed v\u00eda mis ancestros: mis abuelas y sus historias. Pero aqu\u00ed s\u00f3lo tiene cabida este relato y es debido a su importancia. Me la refiri\u00f3, en mis \u00e9pocas universitarias \u00a0\u2013hace ya varios a\u00f1os-, alguno de mis profesores cuyo nombre debe permanecer en secreto, pues movido por el m\u00e1s puro af\u00e1n de no cambiar el rostro de la Historia, se vio obligado a robar ciertos folios antiguos. Mi ex profesor encontr\u00f3 por accidente dichos documentos, all\u00e1, en un pueblito de la sierra peruana, cuando durante unas vacaciones de verano, se ofreci\u00f3 a ayudar a limpiar lo que fuera una biblioteca (ahora desv\u00e1n) de iglesia vieja. Su joven coraz\u00f3n no le brind\u00f3 m\u00e1s salida que el hurto. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda exigirse de un humilde estudiante de historia?<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El a\u00f1o, 1822; el lugar, Guayaquil; el sustantivo que se le ha adjudicado al hecho, el \u201cabrazo\u201d. Lo que nos dicen los historiadores con \u00f3pticas e interpretaciones que difieren, es que los dos grandes libertadores de Sudam\u00e9rica, Sim\u00f3n Bol\u00edvar y Jos\u00e9 de San Mart\u00edn, por fin, se vieron frente a frente. Que se mantuvieron discusiones, argumentaciones y juntas de car\u00e1cter pol\u00edtico. Se discutieron proyectos, se so\u00f1aron conflagraciones, se anhelaron asesinatos. El meollo del asunto es que nunca sabremos los di\u00e1logos nacidos de esos dos d\u00edas de enclaustramiento. De dichas reuniones entre generales criollos no nos queda ning\u00fan registro escrito. El resultado, ba\u00f1ado de misterio, fue la ins\u00f3lita renuncia de Jos\u00e9 de San Mart\u00edn a seguir tomando parte de la guerra de independencia americana. Misteriosamente claudic\u00f3, se embarc\u00f3 a su tierra para peregrinar, lleno de dolor, a la tumba de su esposa; y embarcarse, despu\u00e9s, a una vida de retiro en Europa. Sin embargo, los viejos folios que mi profesor me mostr\u00f3 en un arrebato de confianza, indican otra cosa.<\/p>\n<p>Redactados\u00a0 por un tal Santiago del Llano y Serna, lugarteniente de Alexander Cochrane, y fechados en 1841 bajo el t\u00edtulo \u201cRecaudo de los mitos y memorias de las gentes de la sierra y costa del Per\u00fa\u201d, dichos folios son manuscritos e incluso contienen indicaciones para su publicaci\u00f3n, la cual sospechamos nunca se consum\u00f3. Mi ex profesor ha dedicado su vida a la b\u00fasqueda, casi condenatoria, de alguna copia, referencia o cita hist\u00f3rica de dicho manuscrito. En sus treinta a\u00f1os de academia itinerante, nunca ha tropezado con nada.\u00a0 La obra s\u00f3lo le dedica un cap\u00edtulo a la historia del general San Mart\u00edn; lamentablemente el estilo es parco y escueto en fechas o lugares. Procedo a relatar, en mis palabras, lo dicho por Del Llano y Serna.<\/p>\n<div id=\"attachment_1255\" style=\"width: 225px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Jose-de-San-Martin2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1255\" class=\"size-full wp-image-1255\" title=\"Jose de San Martin\" src=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Jose-de-San-Martin2.jpg\" alt=\"\" width=\"215\" height=\"250\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-1255\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 de San Mart\u00edn (1778-1850)<\/p><\/div>\n<p>El invierno de 1822, al parecer, fue m\u00e1s severo que de costumbre. Para esas reuniones a puerta cerrada entre generales, se dispuso que constantemente entraran sirvientes cuyo trabajo era ofrecer un suministro continuo de chocolate y caf\u00e9 caliente. Abreviar\u00e9 las descripciones f\u00edsicas -en las cuales es pr\u00f3digo nuestro autor- de la mulata que captur\u00f3 la atenci\u00f3n de San Mart\u00edn. Algunos la llamaban Camila, otros dec\u00edan que su nombre real era Emilia; lo cierto, es que se incorpor\u00f3 a las huestes de mulatos \u00a0incondicionales de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, esos que le siguieron desde Hait\u00ed atra\u00eddos por su proyecto abolicionista y de \u201chermandad\u201d continental. Camila destacaba en belleza, sobra decirlo, y esa caracter\u00edstica le se\u00f1al\u00f3 el destino de la servidumbre desde antes de nacer. Su madre, hermosa tambi\u00e9n, hab\u00eda sido destinada al servicio personal de su due\u00f1o, Monsieur Tremblay, quien aterrorizado huy\u00f3 con familia y sirvientes a la isla de Cuba mientras pasaba el terremoto de la revoluci\u00f3n, la independencia y su demagogia. Logrando salvar el cuello, volvi\u00f3 por sus fueros, no sin antes establecer tratos con los generales, ahora due\u00f1os de la isla, para hacerles part\u00edcipes de la bonanza de sus ca\u00f1averales recuperados.<\/p>\n<p>Entre sus acompa\u00f1antes se encontraba Camila, adolescente nacida en Cuba, bella y biling\u00fce prueba de bastard\u00eda. Hubo quienes refirieron que Bol\u00edvar la hab\u00eda incluido en su c\u00edrculo de sirvientes cercanos, pero no tanto como para siquiera percibir el olor a p\u00f3lvora. M\u00e1s bien perteneci\u00f3\u00a0 a su \u201ccuerpo log\u00edstico\u201d de tramas de alcoba. Pasaremos de largo los pasajes \u00a0\u201ccoloridos\u201d de la historia, abreviaremos y diremos que al parecer, a Bol\u00edvar se le present\u00f3 la victoria m\u00e1s f\u00e1cil de lo que \u00e9l esperaba. Un breve cortejo de tres tazas de espeso chocolate sent\u00f3 la decisi\u00f3n. En un receso que se permiti\u00f3 Bol\u00edvar para fumar un puro, le envi\u00f3 un mensaje a su honorable contraparte: \u201cque es suya desde este momento, y que su se\u00f1or\u00eda puede ejercer sobre ella a libertad\u201d, enunci\u00f3 el heraldo. Lo siguiente, fue una ola de rumores, invenciones y especulaciones.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil de creer que el olvido se haya apoderado de lo que en su momento fue evidente a todo mundo. La narraci\u00f3n de Del Llano y Serna procede a plasmar toda la imaginer\u00eda que rode\u00f3 al asunto: que la mulata llevaba instrucciones de Bol\u00edvar, que en realidad ella albergaba su propia ambici\u00f3n que la dibujaba como emperatriz de las provincias liberadas, que su contacto con las malas artes que aprendi\u00f3 en Cuba y Hait\u00ed esculpieron en ella un alma mal\u00e9fica y por naturaleza destructiva. No falt\u00f3 quien redujo la historia a la simple y llana respuesta: \u201clo que pasa es que lo embruj\u00f3 para irse a vivir a Europa, un destino que a ella s\u00f3lo se le revelaba en sue\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Al parecer, nunca encontraremos la llave que abre el cofre de Cl\u00edo pues la guarda celosamente. El argumento final de Jos\u00e9 de San Mart\u00edn nos dice:<\/p>\n<p><em>\u201cBol\u00edvar y yo no cabemos en el Per\u00fa [\u2026] si lograse afianzar en el Per\u00fa lo que hemos ganado, y algo m\u00e1s, me dar\u00e9 por satisfecho; su victoria ser\u00eda, \u00a0de cualquier modo, victoria americana\u201d.*<\/em><\/p>\n<p>Es una ins\u00f3lita revelaci\u00f3n, dif\u00edcil de adjudicar a aqu\u00e9l que cruz\u00f3 los Andes vestido de \u00e9pico atletismo. Como ins\u00f3litos son tambi\u00e9n, esos registros de la imaginaci\u00f3n colectiva que reuni\u00f3 Santiago del Llano y Serna, donde se nos cuenta de la historia de la mulata de San Mart\u00edn; los esfuerzos vanos de su hija, la ni\u00f1a Merceditas, para eliminar esa mujer que ahora los separaba; los largos a\u00f1os europeos y esos intentos inconclusos del regreso a la patria; que esas \u201cartes\u201d de Camila fueron las que pr\u00f3digamente obsequiaron al general el regalo de una larga vida. Confiero a usted, lector, el balance final.<\/p>\n<p><em>Fabiola Flores estudi\u00f3 la licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UNAM. Ha trabajado en M\u00e9xico en la investigaci\u00f3n en ciencias sociales y est\u00e9ticas; ha sido gu\u00eda en el Museo Dolores Olmedo, correctora de estilo y maestra de educaci\u00f3n media superior. Actualmente vive en Toronto, donde cursa un certificado de traducci\u00f3n en la Universidad de York.<\/em><\/p>\n<p>*Barreda Laos Felipe. General Tom\u00e1s Garrido-Relaciones Hist\u00f3ricas. 2\u00aa. Edici\u00f3n, Buenos Aires, 1943. p. 359<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fabiola Flores La historia es como el velo de Pen\u00e9lope, ejercicio de hilar y deshilar; dicha idea me asalta una y otra vez en tardes lluviosas como esta. 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