{"id":3133,"date":"2014-05-16T22:37:15","date_gmt":"2014-05-16T22:37:15","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=3133"},"modified":"2014-05-17T02:39:11","modified_gmt":"2014-05-17T02:39:11","slug":"una-carta-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2014\/05\/una-carta-dios\/","title":{"rendered":"Una carta a Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong>Gregorio L\u00f3pez y Fuentes<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Una-carta-de-Dios.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3131\" src=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Una-carta-de-Dios-300x225.jpg\" alt=\"Una carta de Dios\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Una-carta-de-Dios-300x225.jpg 300w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Una-carta-de-Dios-400x300.jpg 400w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Una-carta-de-Dios.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>La casa -\u00fanica en todo el valle- estaba subida en uno de esos cerros truncados que, a manera de pir\u00e1mides rudimentarias, dejaron algunas tribus al continuar sus peregrinaciones&#8230; Entre las matas del ma\u00edz, el frijol con su florecilla morada, promesa inequ\u00edvoca de una buena cosecha.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Lo \u00fanico que estaba haciendo falta a la tierra era una lluvia, cuando menos un fuerte aguacero, de esos que forman charcos entre los surcos. Dudar de que llover\u00eda hubiera sido lo mismo que dejar de creer en la experiencia de quienes, por tradici\u00f3n, ense\u00f1aron a sembrar en determinado d\u00eda del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Durante la ma\u00f1ana, Lencho -conocedor del campo, apegado a las viejas costumbres y creyente a pu\u00f1o cerrado- no hab\u00eda hecho m\u00e1s que examinar el cielo por el rumbo del noreste.<\/p>\n<p>-Ahora s\u00ed que se viene el agua, vieja.<\/p>\n<p>Y la vieja, que preparaba la comida, le respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-Dios lo quiera.<\/p>\n<p>Los muchachos m\u00e1s grandes limpiaban de hierba la siembra, mientras que los m\u00e1s peque\u00f1os correteaban cerca de la casa, hasta que la mujer les grit\u00f3 a todos:<\/p>\n<p>-Vengan que les voy a dar en la boca&#8230;<\/p>\n<p>Fue en el curso de la comida cuando, como lo hab\u00eda asegurado Lencho, comenzaron a caer gruesas gotas de lluvia. Por el noreste se ve\u00edan avanzar grandes monta\u00f1as de nubes. El aire ol\u00eda a jarro nuevo.<\/p>\n<p>-Hagan de cuenta, muchachos -exclamaba el hombre mientras sent\u00eda la fruici\u00f3n de mojarse con el pretexto de recoger algunos enseres olvidados sobre una cerca de piedra-, que no son gotas de agua las que est\u00e1n cayendo: son monedas nuevas: las gotas grandes son de a diez y las gotas chicas son de a cinco&#8230;<\/p>\n<p>Y dejaba pasear sus ojos satisfechos por la milpa a punto de jilotear, adornada con las hileras frondosas del frijol, y entonces toda ella cubierta por la transparente cortina de la lluvia. Pero, de pronto, comenz\u00f3 a soplar un fuerte viento y con las gotas de agua comenzaron a caer granizos tan grandes como bellotas. Esos s\u00ed que parec\u00edan monedas de plata nueva. Los muchachos, exponi\u00e9ndose a la lluvia, correteaban y recog\u00edan las perlas heladas de mayor tama\u00f1o.<\/p>\n<p>-Esto s\u00ed que est\u00e1 muy malo -exclamaba el hombre- ojal\u00e1 que pase pronto&#8230;<\/p>\n<p>No pas\u00f3 pronto. Durante una hora, el granizo apedre\u00f3 la casa, la huerta, el monte, la milpa y todo el valle. El campo estaba tan blanco que parec\u00eda una salina. Los \u00e1rboles, deshojados. El ma\u00edz, hecho pedazos.<\/p>\n<p>El frijol, sin una flor. Lencho, con el alma llena de tribulaciones.<\/p>\n<p>Pasada la tormenta, en medio de los surcos, dec\u00eda a sus hijos:<\/p>\n<p>-M\u00e1s hubiera dejado una nube de langosta&#8230; El granizo no ha dejado nada: ni una sola mata de ma\u00edz dar\u00e1 una mazorca, ni una mata de frijol dar\u00e1 una vaina&#8230;<\/p>\n<p>La noche fue de lamentaciones:<\/p>\n<p>-\u00a1Todo nuestro trabajo, perdido!<\/p>\n<p>-\u00a1Y ni a qui\u00e9n acudir!<\/p>\n<p>-Este a\u00f1o pasaremos hambre&#8230;<\/p>\n<p>Pero muy en el fondo espiritual de cuantos conviv\u00edan bajo aquella casa solitaria en mitad del valle, hab\u00eda una esperanza: la ayuda de Dios.<\/p>\n<p>-No te mortifiques tanto, aunque el mal es muy grande. \u00a1Recuerda que nadie se muere de hambre!<\/p>\n<p>-Eso dicen: nadie se muere de hambre&#8230;<\/p>\n<p>Y mientras llegaba el amanecer, Lencho pens\u00f3 mucho en lo que hab\u00eda visto en la iglesia del pueblo los domingos: un tri\u00e1ngulo y dentro del tri\u00e1ngulo un ojo, un ojo que parec\u00eda muy grande, un ojo que, seg\u00fan le hab\u00edan explicado, lo mira todo, hasta lo que est\u00e1 en el fondo de las conciencias.<\/p>\n<p>Lencho era hombre rudo y \u00e9l mismo sol\u00eda decir que el campo embrutece, pero no lo era tanto que no supiera escribir. Ya con la luz del d\u00eda y aprovechando la circunstancia de que era domingo, despu\u00e9s de haberse afirmado en su idea de que s\u00ed hay quien vele por todos, se puso a escribir una carta que \u00e9l mismo llevar\u00eda al pueblo para echarla al correo.<\/p>\n<p>Era nada menos que una carta a Dios.<\/p>\n<p>\u201cDios -escribi\u00f3-, si no me ayudas pasar\u00e9 hambre con todos los m\u00edos, durante este a\u00f1o: necesito cien pesos para volver a sembrar y vivir mientras viene la otra cosecha, pues el granizo&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Rotul\u00f3 el sobre \u201cA Dios\u201d, meti\u00f3 el pliego y, a\u00fan preocupado, se dirigi\u00f3 al pueblo. Ya en la oficina de correos, le puso un timbre a la carta y ech\u00f3 esta en el buz\u00f3n.<\/p>\n<p>Un empleado, que era cartero y todo en la oficina de correos, lleg\u00f3 riendo con toda la boca ante su jefe: le mostraba nada menos que la carta dirigida a Dios. Nunca en su existencia de repartidor hab\u00eda conocido ese domicilio. El jefe de la oficina -gordo y bonach\u00f3n- tambi\u00e9n se puso a re\u00edr, pero bien pronto se le pleg\u00f3 el entrecejo y, mientras daba golpecitos en su mesa con la carta, comentaba:<\/p>\n<p>-\u00a1La fe! \u00a1Qui\u00e9n tuviera la fe de quien escribi\u00f3 esta carta! \u00a1Creer como \u00e9l cree! \u00a1Esperar con la confianza con que \u00e9l sabe esperar! \u00a1Sostener correspondencia con Dios!<\/p>\n<p>Y, para no defraudar aquel tesoro de fe, descubierto a trav\u00e9s de una carta que no pod\u00eda ser entregada, el jefe postal concibi\u00f3 una idea: contestar la carta. Pero una vez abierta, se vio que contestar necesitaba algo m\u00e1s que buena voluntad, tinta y papel. No por ello se dio por vencido: exigi\u00f3 a su empleado una d\u00e1diva, \u00e9l puso parte de su sueldo y a varias personas les pidi\u00f3 su \u00f3bolo \u201cpara una obra piadosa\u201d.<\/p>\n<p>Fue imposible para \u00e9l reunir los cien pesos solicitados por Lencho, y se conform\u00f3 con enviar al campesino cuando menos lo que hab\u00eda reunido: algo m\u00e1s que la mitad. Puso los billetes en un sobre dirigido a Lencho y con ellos un pliego que no ten\u00eda m\u00e1s que una palabra a manera de firma: DIOS.<\/p>\n<p>Al siguiente domingo Lencho lleg\u00f3 a preguntar, m\u00e1s temprano que de costumbre, si hab\u00eda alguna carta para \u00e9l. Fue el mismo repartidor quien le hizo entrega de la carta, mientras que el jefe, con la alegr\u00eda de quien ha hecho una buena acci\u00f3n, espiaba a trav\u00e9s de un vidrio raspado, desde su despacho.<\/p>\n<p>Lencho no mostr\u00f3 la menor sorpresa al ver los billetes -tanta era su seguridad-, pero hizo un gesto de c\u00f3lera al contar el dinero&#8230; \u00a1Dios no pod\u00eda haberse equivocado, ni negar lo que se le hab\u00eda pedido!<\/p>\n<p>Inmediatamente, Lencho se acerc\u00f3 a la ventanilla para pedir papel y tinta. En la mesa destinada al p\u00fablico, se puso a escribir, arrugando mucho la frente a causa del esfuerzo que hac\u00eda para dar forma legible a sus ideas. Al terminar, fue a pedir un timbre el cual moj\u00f3 con la lengua y luego asegur\u00f3 de un pu\u00f1etazo.<\/p>\n<p>En cuanto la carta cay\u00f3 al buz\u00f3n, el jefe de correos fue a recogerla. Dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u201cDios:<\/p>\n<p>Del dinero que te ped\u00ed, solo llegaron a mis manos sesenta pesos. M\u00e1ndame el resto, que me hace mucha falta; pero no me lo mandes por conducto de la oficina de correos, porque los empleados son muy ladrones.<\/p>\n<p>Lencho\u201d.<\/p>\n<p><strong><em>Gregorio L\u00f3pez y Fuentes (1897-1964) <\/em><\/strong><em>fue un escritor <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/M%C3%A9xico\">mexicano<\/a> que incursion\u00f3 en la novela, poes\u00eda, periodismo y cr\u00f3nica de la <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Revoluci%C3%B3n_mexicana\">Revoluci\u00f3n mexicana<\/a>. Fue contempor\u00e1neo de Mariano Azuela y Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n. Naci\u00f3 en un rancho en la <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Regi%C3%B3n_Huasteca\">regi\u00f3n huasteca<\/a> <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Veracruz\">veracruzana<\/a>. Empez\u00f3 a escribir a la edad de quince a\u00f1os, al mismo tiempo del inicio de la Revoluci\u00f3n mexicana, conflicto que abord\u00f3 en la mayor\u00eda de sus libros. El nombre del municipio en donde naci\u00f3 fue renombrado como Zontecomatl\u00e1n de L\u00f3pez y Fuentes en su honor. El siguiente cuento, \u201cUna carta de Dios\u201d fue escrito en 1940.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gregorio L\u00f3pez y Fuentes La casa -\u00fanica en todo el valle- estaba subida en uno de esos cerros truncados que, a manera de pir\u00e1mides rudimentarias, dejaron algunas tribus al continuar sus peregrinaciones&#8230; Entre las matas del ma\u00edz, el frijol con &hellip; <a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2014\/05\/una-carta-dios\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-3133","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-lit-hispana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.0 - 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