{"id":3575,"date":"2015-01-16T22:13:23","date_gmt":"2015-01-16T22:13:23","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=3575"},"modified":"2026-04-02T19:28:09","modified_gmt":"2026-04-02T19:28:09","slug":"nuestra-palabra-2009-pablo-salinas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2015\/01\/nuestra-palabra-2009-pablo-salinas-2\/","title":{"rendered":"Pablo Salinas"},"content":{"rendered":"<p><em>Pablo Salinas\u00a0naci\u00f3 en Lima en 1973. Ha publicado diversos cuentos y poemas en revistas impresas y digitales, as\u00ed como en las antolog\u00edas <strong><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/2009\/09\/retrato-de-una-nube-2\/?lang=es\">Retrato de una nube<\/a><\/strong> (2008, publicado en ingl\u00e9s como <strong><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/2013\/12\/un-hito-en-la-literatura-hispanocanadiense\/?lang=es\">Cloudburst<\/a><\/strong> en 2013) y <strong><a href=\"http:\/\/www.lugarcomuneditorial.com\/Catalogo.html\">Las imposturas de Eros<\/a><\/strong> (2009) y <strong><a href=\"https:\/\/books.google.ca\/books?id=8WkioAEACAAJ&amp;dq=%22voces+con+vida%22+benma+editorial&amp;hl=en&amp;sa=X&amp;ei=7SS5VOaWMqrnsASqxYLACQ&amp;redir_esc=y\">Voces con vida<\/a><\/strong> (2012).\u00a0 Sus cuentos \u201cEl camino de regreso\u201d y \u201cPadre Jos\u00e9\u201d que obtuvieran menciones honrosas en el concurso Nuestra Palabra 2008, figuran en el libro <strong><a href=\"http:\/\/www.amazon.ca\/Cuentos-nuestra-palabra-PRIMERA-HORNADA\/dp\/0968028470\">Cuentos de nuestra palabra en Canad\u00e1: Primera hornada<\/a><\/strong>, (2009).\u00a0Curs\u00f3 su doctorado en Estudios Hisp\u00e1nicos en la Universidad de Ottawa y actualmente es profesor invitado en Shawnee State University en Ohio, Estados Unidos.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong>Cementerio de Huachipa<\/strong><\/p>\n<p>Trep\u00f3 al microb\u00fas a toda velocidad y sin un centavo en el bolsillo. Una vez en el estribo, sus manos llenas de callos lanzaron al tablero un rollo de papel y tres jabones.<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed te pagan ahora en la perrera\u201d, se burl\u00f3 el conductor.<\/p>\n<p>Pero Diego ya no trabajaba en la perrera. Los hab\u00eda robado del hostal donde lavaba taxis destartalados.<\/p>\n<p>\u201cA ver si as\u00ed se ba\u00f1a tu cobra\u201d, contest\u00f3.<\/p>\n<p>Herido por el comentario, los ojos enrojecidos del cobrador se fijaron en \u00e9l antes de salpicarle el uniforme con un trozo seco de saliva que sali\u00f3 disparado detr\u00e1s de un insulto. Una hora despu\u00e9s, el veh\u00edculo se detuvo en la entrada del cementerio y una sombra gris se lanz\u00f3 hacia el terral de la orilla de la carretera.<\/p>\n<p>Separ\u00f3 las tres peque\u00f1as flores compradas con las monedas reunidas a cada descuido de las parejas del hostal y corri\u00f3 lo m\u00e1s que pudo. La tierra inerte del camino se transform\u00f3 de pronto en una densa nube que le hizo ver todo del mismo color. De ser verano, record\u00f3, su cabello bailar\u00eda mojado sobre la cabeza y el resto del cuerpo picar\u00eda ferozmente, los dedos de sus pies se tornar\u00edan pegajosos en contacto con el zapato, pero tambi\u00e9n habr\u00eda gente en el camino. De ser verano, seguramente alguien reconocer\u00eda al fabricante de ladrillos, al ayudante de la perrera, al que firmaba sus goles con un buen chorro de orina. Pero era invierno y la humedad lo estremec\u00eda, desde el pecho hasta los tobillos llenos de cicatrices. Aun as\u00ed, nada le impidi\u00f3 seguir corriendo hasta alcanzar el gran port\u00f3n que reconoci\u00f3 de inmediato. \u201cFuera Sinchis de Pujas\u201d; alguien hab\u00eda pintado en la suciedad de una esquina. Mir\u00f3 al cielo y vio al sol casi escondido tras los cerros. Hab\u00eda que darse prisa.<\/p>\n<p>Para llegar al cementerio ten\u00eda que rodear el gran convento. Un perro negro comenz\u00f3 a ladrar al descubrirlo apilando ladrillos rotos a un costado de una larga pared que cortaba el camino en dos mitades. Diego reconoci\u00f3 a su inesperado compa\u00f1ero de inmediato, era Ner\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Fuera, fuera\u00a0 mierda! Le grit\u00f3 con todas sus fuerzas mientras se bajaba el pantal\u00f3n exhibiendo el\u00a0 sexo escu\u00e1lido, pero no muy lejos de\u00a0 llegar a la adultez. El animal sin embargo, ya le hab\u00eda perdido por completo el inter\u00e9s al encontrar un ave medio muerta, a la orilla del camino.<\/p>\n<p>La inminencia del sereno no permiti\u00f3 mayor muestra de afecci\u00f3n, ni al perro ni al perrero, quien\u00a0 comenz\u00f3 a trepar r\u00e1pidamente hasta la cima del port\u00f3n. Sin embargo, sus impulsos todav\u00eda infantiles originaron que menosprecie la bajada, y una de las tres rosas irremediablemente se estrope\u00f3 mientras ca\u00eda.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Conchesumare!\u201d Repiti\u00f3 el eco en cada uno de los cerros aleda\u00f1os.<\/p>\n<p>Separ\u00f3 aquel capullo de los dem\u00e1s y lo arroj\u00f3 a un costado del camino hasta verlo caer sobre unos restos de excremento. La presencia de Ner\u00f3n era se\u00f1al que su familia se le hab\u00eda adelantado. Si apuraba el recorrido ser\u00eda posible encontrarlos, seguramente sentados sobre las tumbas. En el cielo, seis o siete gallinazos repet\u00edan embrollados desplazamientos aparentemente sin sentido. Mientras tanto, un sol moribundo, ajeno a ese ritual, lanzaba rayos rojizos desde detr\u00e1s de los cerros m\u00e1s lejanos.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos, sus pasos dejaron de escucharse, pues pisaba polvo sobre m\u00e1s polvo. Con alegr\u00eda, subi\u00f3 unos metros hasta las faldas de una peque\u00f1a loma y pudo ver el Cementerio de Huachipa en toda su extensi\u00f3n. \u00a1T\u00eda Lucy! Grit\u00f3 lo m\u00e1s que le dio la ronca voz, pero el viento soplaba en contra y el alarido no se alej\u00f3 mucho m\u00e1s all\u00e1 del final de su larga nariz.<\/p>\n<p>Baj\u00f3 del cerro a grandes saltos y se dispuso a cruzar el viejo camposanto. Luego de unos metros, el sendero desapareci\u00f3 de improviso y Diego comenz\u00f3 a tropezar con tumbas encima de otras tumbas. Sus pupilas, profundamente negras, hurgaron entre el desorden de faltas de ortograf\u00eda hasta que se detuvo sobre una cruz de madera seca, muy apolillada, inclinada hasta descansar sobre un florero roto lleno de orines. Las inscripciones se prestaban a las m\u00e1s variadas confusiones, pero el remedo de letras g\u00f3ticas que formaba el nombre, se resist\u00eda tenazmente a desaparecer junto al paisaje alrededor.\u00a0Enterr\u00f3 la rodilla de su pantal\u00f3n agujereado sobre lo que una vez fuera cemento y deletre\u00f3; N-\u00e9-s-t-o-r N-a-v-i-c-o-l-q-u-i. Las letras se le antojaron de extra\u00f1as formas, como figuras de cabellos caprichosamente ensortijados, de cicatrices rubias en los brazos, figuras de cuadernos con puntas dobladas y monstruos garabateados en la libreta, figuras de madre de brazos como martillos, de sangre en la camisa de colegio.<\/p>\n<p>Junto a la tumba de N\u00e9stor, cogi\u00f3 su segunda rosa y la introdujo en una botella de aceite cortada por la mitad. Apenas parti\u00f3, el viento fuerte derrib\u00f3 la botella a sus espaldas y la rosa qued\u00f3 rodando junto a una tumba donde alguien hab\u00eda escrito \u201cEl Apra es el camino\u201d.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 junto a los otros, las cuatro figuras parecieron recibir su metro y algo m\u00e1s con total indiferencia.<\/p>\n<p>\u201cPara qu\u00e9 habr\u00e1s venido\u201d, le reproch\u00f3 el t\u00edo Alberto.<\/p>\n<p>\u201cTengo pasaje de regreso\u201d, contest\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s se alejaron hacia una de las cruces colindantes y Diego se acerc\u00f3 hacia la tumba que hab\u00edan dejado abandonada. Sus dedos entrelazados trataron de remedar la solemnidad de un avemar\u00eda, pero de inmediato repar\u00f3 en el jarr\u00f3n, completamente abarrotado de rosas que todav\u00eda brillaban a pesar de la inminencia del crep\u00fasculo. Superando la verg\u00fcenza, examin\u00f3 tambi\u00e9n su \u00faltima rosa maltratada, moribunda, y la acomod\u00f3 sobre el peque\u00f1o mar de arreglos florales. Su rosa se asent\u00f3 sobre las dem\u00e1s como el bigote que alg\u00fan gracioso hab\u00eda dibujado en el rostro de una virgen pintada en la peque\u00f1a pared de la loza. Mientras sacud\u00eda sus zapatos llenos de las piedras del camino, la abuela resurgi\u00f3 y volvi\u00f3 a morir en su memoria, al menos un par de veces.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quedar\u00eda en esas cajas?, se pregunt\u00f3. La abuela ya no exist\u00eda, tampoco el amigo N\u00e9stor ni los que llegaron con \u00e9l desde Pujas. El viento helado trajo un nuevo dolor bajo la espalda y le cort\u00f3 las meditaciones. El dolor le renov\u00f3 las energ\u00edas. Con renovado entusiasmo cogi\u00f3 nuevamente el jarr\u00f3n. Arranc\u00f3 las flores que hab\u00edan tra\u00eddo sus familiares y arroj\u00f3 el ramillete sobre una vieja tumba de adobe que hab\u00eda perdido el nombre. Despu\u00e9s coloc\u00f3 nuevamente el jarr\u00f3n en su lugar, contento de ver que su flor quedaba como \u00fanico regalo para la abuela.<\/p>\n<p>Eran ya casi las siete y los fieles se marchaban, abandonando el cementerio y a un cuarteto de m\u00fasicos algo borrachos reparti\u00e9ndose el jornal. Antes de partir, la t\u00eda dej\u00f3 caer un l\u00edquido semejante a una gaseosa oscura\u00a0 sobre el \u00faltimo mont\u00edculo.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Salud t\u00edo Daniel!\u201d, acompa\u00f1\u00f3 el t\u00edo Alberto.<\/p>\n<p>Ner\u00f3n, a lo lejos, corr\u00eda en direcci\u00f3n contraria a todo el mundo y, tumbando con su gran cabeza a ni\u00f1os y borrachos, se lanzaba a la b\u00fasqueda de residuos de comida.<\/p>\n<p>Al llegar las siete, ya la noche se hab\u00eda apoderado del cementerio. A lo lejos empezaban los bombazos iluminando por segundos el horizonte rojizo que proyectaba la ciudad. Las hileras de peque\u00f1as lucecitas que sal\u00edan del cementerio comenzaron a apurarse. Detr\u00e1s de una de estas luces, la familia de Diego avanzaba nerviosamente atravesando el callej\u00f3n formado entre el cerro y una larga pared que mor\u00eda en el port\u00f3n del convento manchado por la hoz y el martillo. Era un port\u00f3n nuevo y mucho m\u00e1s grande que el anterior, volado de un dinamitazo.<\/p>\n<p>Uno de los monjes comenz\u00f3 a ta\u00f1er una gran campana, se\u00f1al de que el lugar quedaba cerrado a todo el mundo, pero Diego no se apur\u00f3, dej\u00e1ndose alcanzar por el mismo perro que antes le hab\u00eda ladrado y que ahora dibujaba alegres piruetas a su alrededor. \u201cPeeeeeerrito, perroconchetumaaa\u201d, le gritaba, satisfecho de pensar que el eco de su voz estar\u00eda asustando a los ni\u00f1os que no hab\u00edan llegado todav\u00eda al paradero.<\/p>\n<p>Cuando Diego trep\u00f3 el muro de salida, pis\u00f3 sin saber una de las rosas que hab\u00eda estropeado en su larga carrera. Al caer al otro lado, un mont\u00f3n de piedrecillas se le metieron entre los dedos del pie. Mientras se sentaba sobre una gran roca para sacarse los zapatos escuch\u00f3 el estruendo de un balazo y Ner\u00f3n rod\u00f3, en una nube de polvo, desde las faldas del cerro hasta la base del muro de ladrillos.<\/p>\n<p>\u201cLe di, le di\u201d grit\u00f3 el vigilante del convento desde lo alto de una torre, al tiempo que recargaba su fusil, y Diego tuvo que correr dejando los zapatos junto a los pedazos quemados del antiguo port\u00f3n. Atrapado por el miedo, el sendero se le hac\u00eda interminable y\u00a0 parec\u00eda que nadie lo hab\u00eda caminado todav\u00eda.<\/p>\n<p>Casi debajo del gran port\u00f3n, Ner\u00f3n todav\u00eda se resist\u00eda a morir sin terminar de masticar, ya d\u00e9bilmente, una pierna y algunas plumas de aquel p\u00e1jaro moribundo que hab\u00eda encontrado en el camino.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Alto el fuego!\u201d, gritaba un monje desde dentro del convento, pero el vigilante ya estaba listo para un segundo balazo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo Salinas\u00a0naci\u00f3 en Lima en 1973. 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