{"id":3872,"date":"2015-08-28T20:48:38","date_gmt":"2015-08-28T20:48:38","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=3872"},"modified":"2026-04-03T22:23:53","modified_gmt":"2026-04-03T22:23:53","slug":"la-miseria-y-el-esplendor-de-la-traduccion-iv-no-hablamos-en-serio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2015\/08\/la-miseria-y-el-esplendor-de-la-traduccion-iv-no-hablamos-en-serio\/","title":{"rendered":"La miseria y el esplendor de la traducci\u00f3n IV: No hablamos en serio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Ortega y Gasset<\/strong><\/p>\n<p><em>En esta cuarta parte de su ensayo, Ortega y Gasset utiliza la voz de un innombrado ling\u00fcista franc\u00e9s para proponer una teor\u00eda de los idiomas como \u201cinstrumentos anacr\u00f3nicos\u201d, como cat\u00e1logos distintos de conceptos que nos imponen una comprensi\u00f3n de la realidad que fue construida por nuestros antepasados, y que nos hacen \u201crehenes del pasado\u201d. Aunque esta secci\u00f3n se trata m\u00e1s de la lengua en general que de la traducci\u00f3n en particular, las ideas que se exponen aqu\u00ed son fundamentales para entender el pensamiento de Ortega y Gasset sobre la importancia de la traducci\u00f3n, la cual se expondr\u00e1 en la quinta y \u00faltima parte del ensayo.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Mi pron\u00f3stico fall\u00f3. La borrasca que presum\u00eda no se produjo. La parad\u00f3jica sentencia penetr\u00f3 en la mente de los que me escuchaban sin provocar sacudidas ni espasmos, como una inyecci\u00f3n hipod\u00e9rmica que, afortunada, no tropieza con filamentos nerviosos. Era, pues, ocasi\u00f3n excelente para obrar en retirada.<\/p>\n<p>\u2013 Cuando esperaba de parte de ustedes la m\u00e1s fiera rebeli\u00f3n, me encuentro sumergido en un clima de paz. No extra\u00f1ar\u00e1n que lo aproveche para ceder a otro el monopolio de la palabra que, contra mi deseo, he venido ejerciendo. Casi todos ustedes saben de estos asuntos m\u00e1s que yo. Sobre todo, hay entre ustedes un gran maestro de la ling\u00fc\u00edstica que pertenece a la nueva generaci\u00f3n y ser\u00eda para todos de gran inter\u00e9s que nos diese a conocer su pensamiento sobre los temas manipulados hasta aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2013Gran maestro no soy \u2013 comenz\u00f3 el ling\u00fcista \u2013; soy s\u00f3lo un entusiasta de mi oficio, del cual creo que llega a su primera saz\u00f3n de sublimidad, a la hora de la m\u00e1xima cosecha. Y me complace adelantar que, en general, lo que usted ha dicho, y m\u00e1s aun lo que entreveo, y como palpo tras lo expresado, coincide bastante con mi pensamiento y con lo que, a mi juicio, va a dominar el futuro inmediato de la ciencia del lenguaje. Claro es que yo hubiera evitado el ejemplo del vocablo vasco para designar a Dios porque es cuesti\u00f3n muy batallona. Pero, en general coincide con usted. Hag\u00e1monos bien cargo de cu\u00e1l es la operaci\u00f3n primaria en que cada lengua consiste.<\/p>\n<p>El hombre moderno se siente demasiado orgulloso de las ciencias que ha creado. En ellas, ciertamente, cobra el mundo una nueva figura. Pero esta innovaci\u00f3n es relativamente poco profunda. Consiste en una tenue pel\u00edcula que hemos extendido sobre otras figuras del mundo que otras edades de la humanidad construyeron, las cuales son supuestos de nuestra innovaci\u00f3n. Usamos a toda hora de esta gigantesca riqueza, pero no nos damos cuenta de ella porque no la hemos hecho nosotros, sino que la hemos heredado. Como buenos herederos, solemos ser bastante est\u00fapidos. El tel\u00e9fono, el motor de explosi\u00f3n y las perforadoras son descubrimientos prodigiosos, pero que hubieran sido imposibles si hace veinte mil a\u00f1os el genio humano no hubiese inventado el m\u00e9todo de hacer fuego, el hacha, el martillo y la rueda. Lo propio acontece con la interpretaci\u00f3n cient\u00edfica del mundo, que descansa y se nutre en otras precedentes, sobre todo en la m\u00e1s antigua, en la primigenia, que es el lenguaje. La ciencia actual ser\u00eda imposible sin el lenguaje, no s\u00f3lo ni tanto por la raz\u00f3n perogrullesca de que hacer ciencia es hablar, sino, al rev\u00e9s, porque el lenguaje es la ciencia primitiva. Precisamente porque esto es as\u00ed, la ciencia moderna vive en perpetua pol\u00e9mica con el lenguaje. \u00bfTendr\u00eda esto alg\u00fan sentido si el lenguaje no fuese de suyo un conocimiento, un saber que por parecernos insuficiente intentamos superar? No solemos ver con claridad cosa tan evidente porque desde hace mucho, mucho tiempo, la humanidad, por lo menos la occidental, no \u00abhabla en serio\u00bb. No comprendo c\u00f3mo los ling\u00fcistas no se han detenido debidamente ante este sorprendente fen\u00f3meno. Hoy, cuando hablamos, no decimos lo que la lengua en que hablamos dice, sino que, usando convencionalmente y como en broma lo que nuestras palabras dicen por s\u00ed, decimos, con este decir de nuestra lengua, lo que nosotros queremos decir. Mi p\u00e1rrafo ha resultado un estupendo trabalenguas, \u00bfno es cierto? Me explicar\u00e9: si yo digo que \u00abel sol sale por Oriente\u00bb, lo que mis palabras, por tanto la lengua en que me expreso, propiamente dicen es que un ente de sexo varonil y capaz de actos espont\u00e1neos \u2013 lo llamado \u00absol\u00bb\u2013 ejecuta la acci\u00f3n de \u00absalir\u00bb, esto es, brincar, y que lo hace por un sitio de entre los sitios que es por donde se producen los nacimientos \u2013Oriente. Ahora bien: yo no quiero decir en serio nada de eso; yo no creo que el sol sea un var\u00f3n ni un sujeto capaz de actuaciones espont\u00e1neas, ni que ese su \u00absalir\u00bb sea una cosa que \u00e9l <em>hace <\/em>por s\u00ed, ni que en esa parte del espacio acontezcan con especialidad nacimientos. Al usar esa expresi\u00f3n de mi lengua materna me comporto ir\u00f3nicamente, descalifico lo que voy diciendo y lo tomo en broma. La lengua es hoy un puro chiste. Pero es claro que hubo un tiempo en que el hombre indoeuropeo cre\u00eda, en efecto, que el sol era un var\u00f3n, que los fen\u00f3menos naturales eran acciones espont\u00e1neas de entidades voluntariosas y que el astro ben\u00e9fico nac\u00eda y renac\u00eda todas las ma\u00f1anas en una regi\u00f3n del espacio. Porque lo cre\u00eda, busc\u00f3 signos para decirlo y cre\u00f3 la lengua. Hablar fue, pues, en \u00e9poca tal, cosa muy distinta de lo que hoy es: era hablar en serio. Los vocablos, la morfolog\u00eda, la sintaxis, gozaban de pleno sentido. Las expresiones dec\u00edan sobre el mundo lo que parec\u00eda la verdad, enunciaban conocimientos, saberes. Eran todo lo contrario que una serie de chistes. Se comprende que en el viejo lenguaje de que procede el s\u00e1nscrito y en el griego mismo conserven los vocablos \u00abpalabra\u00bb y \u00abdecir\u00bb \u2013 <em>brahman, logos \u2013 <\/em>un valor sagrado.<\/p>\n<p>La estructura de la frase indoeuropea transcribe una interpretaci\u00f3n de la realidad, para la cual lo que acontece en el mundo es siempre la acci\u00f3n de un agente sexuado. De aqu\u00ed que se componga de un sujeto masculino o femenino y de un verbo activo. Pero hay otras lenguas donde la frase tiene una estructura muy distinta y que supone interpretaciones de lo real muy diferentes de aquella.<\/p>\n<p>Y es que el mundo que rodea al hombre no se presenta originariamente con articulaciones inequ\u00edvocas. O dicho de modo m\u00e1s claro: el mundo, tal y como \u00e9l se nos ofrece, no est\u00e1 compuesto de \u00abcosas\u00bb radicalmente separadas y francamente distintas. Hallamos en \u00e9l infinitas diferencias, pero estas diferencias no son absolutas. En rigor, todo es diferente de todo, pero tambi\u00e9n todo se parece un poco a todo. La realidad es un \u00abcontinuo de diversidad\u00bb inagotable. Para no perdernos en \u00e9l tenemos que hacer en \u00e9l cortes, acotaciones, apartados; en suma, establecer con car\u00e1cter absoluto diferenciaciones que en realidad s\u00f3lo son relativas. Por eso dec\u00eda Goethe que las cosas son diferencias que nosotros ponemos. Lo primero que el hombre ha hecho en su enfronte intelectual con el mundo es clasificar los fen\u00f3menos, dividir lo que ante s\u00ed halla, en clases. A cada una de estas clases se atribuye un signo de su voz, y esto es el lenguaje. Pero el mundo nos propone innumerables clasificaciones y no nos impone ninguna. De aqu\u00ed que cada pueblo cortase el vol\u00e1til del mundo de modo diferente, hiciese una obra cisoria distinta, y por eso hay idiomas tan diversos con distinta gram\u00e1tica y distinto vocabulario o semantismo. Esa clasificaci\u00f3n primigenia es la primera suposici\u00f3n que se hizo sobre cu\u00e1l es la verdad del mundo; es, por tanto, el primer conocimiento. He aqu\u00ed por qu\u00e9, en un principio, hablar fue conocer.<\/p>\n<p>El indoeuropeo crey\u00f3 que la m\u00e1s importante diferencia entre las \u00abcosas\u00bb era el sexo, y dio a todo objeto, un poco indecentemente, una calificaci\u00f3n sexual. La otra gran division que impuso al mundo consisti\u00f3 en suponer que cuanto existe o es una acci\u00f3n \u2014 de aqu\u00ed el verbo \u2014 o es un agente \u2014 de aqu\u00ed el nombre.<\/p>\n<p>Frente a nuestra paup\u00e9rrima clasificaci\u00f3n de los nombres \u2014 en masculinos, femeninos y neutros \u2014 los pueblos africanos que hablan las lenguas bant\u00faes presentan otra riqu\u00edsima: en alguna de \u00e9stas hay veinticuatro signos clasificadores \u2014 es decir, frente a nuestros tres g\u00e9neros, nada menos que dos docenas. Las cosas que se mueven, por ejemplo, son diferenciadas de las inertes, lo vegetal de lo animal, etc. Donde una lengua apenas establece distinciones otra vuelca exuberante diferenciaci\u00f3n. En Eise hay treinta y tres palabras para expresar otras tantas formas diferentes del andar humano, del \u00abir\u00bb. En \u00e1rabe existen cinco mil setecientos catorce nombres para el camello. Evidentemente, no es f\u00e1cil que se pongan de acuerdo sobre el jorobado animal un n\u00f3mada de la Arabia desierta y un fabricante de Glasgow. Las lenguas nos separan e incomunican, no porque sean, en cuanto lenguas distintas, sino porque proceden de cuadros mentales diferentes, de sistemas intelectuales dispares \u2014 en \u00faltima instancia \u2014, de filosof\u00edas divergentes. No s\u00f3lo hablamos en una lengua determinada, sino que pensamos desliz\u00e1ndonos intelectualmente por carriles preestablecidos a los cuales nos adscribe nuestro destino verbal.<\/p>\n<p>Call\u00f3 el ling\u00fcista y qued\u00f3 con la punta de su aguda nariz se\u00f1alando a un vago cuadrante del cielo. En las comisuras de sus labios parec\u00eda germinar y como ensayarse una sonrisa. Comprend\u00ed en seguida que aquella mente perspicaz era de las que caminan dial\u00e9cticamente, dando un golpe a un lado y otro al opuesto. Como soy de la misma ganader\u00eda me complaci\u00f3 descubrir el enigma que su discurso nos planteaba.<\/p>\n<p>\u2014 Subrepticiamente y con una astuta t\u00e1ctica \u2014 dije \u2014 nos ha llevado usted ante el abismo de una contradicci\u00f3n, sin duda para hac\u00e9rnosla sentir con mayor viveza. Ha sostenido usted, en efecto, dos tesis opuestas. Una: que cada lengua impone un determinado cuadro de categor\u00edas, de rutas mentales; otra: que los cuadros que constituyeron cada lengua no tienen ya vigencia, que los usamos convencionalmente y en broma, que nuestro decir no es ya propiamente decir lo que pensamos, sino s\u00f3lo \u00abmaneras de hablar\u00bb. Como ambas tesis son convincentes, su conflagraci\u00f3n nos invita a plantearnos un problema que hasta ahora no hab\u00eda estudiado el ling\u00fcista, a saber: qu\u00e9 hay de vivo y qu\u00e9 hay de muerto en nuestra lengua; qu\u00e9 categor\u00edas gramaticales siguen informando nuestro pensamiento y cu\u00e1les han perdido vigencia. Porque de cuanto nos ha dicho usted lo m\u00e1s evidente es esta proposici\u00f3n escandalosa que erizar\u00eda los cabellos de Meillet y de Vendryes; nuestras lenguas son un anacronismo.<\/p>\n<p>\u2014 Efectivamente \u2014 exclam\u00f3 el ling\u00fcista \u2014. \u00c9sa es la cuesti\u00f3n que deseaba sugerir, y \u00e9se es mi pensamiento. Nuestras lenguas son instrumentos anacr\u00f3nicos. Al hablar somos humildes rehenes del pasado.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2015\/09\/la-miseria-y-el-esplendor-de-la-traduccion-v-el-esplendor\/?lang=es\"><strong>Leer la quinta parte: &#8220;El esplendor&#8221;<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Ortega y Gasset En esta cuarta parte de su ensayo, Ortega y Gasset utiliza la voz de un innombrado ling\u00fcista franc\u00e9s para proponer una teor\u00eda de los idiomas como \u201cinstrumentos anacr\u00f3nicos\u201d, como cat\u00e1logos distintos de conceptos que nos imponen &hellip; <a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2015\/08\/la-miseria-y-el-esplendor-de-la-traduccion-iv-no-hablamos-en-serio\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-3872","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-traduccion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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