{"id":810,"date":"2012-05-25T17:30:52","date_gmt":"2012-05-25T17:30:52","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/revistablog\/?p=810"},"modified":"2012-10-23T18:48:00","modified_gmt":"2012-10-23T18:48:00","slug":"el-frio-prometido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2012\/05\/el-frio-prometido\/","title":{"rendered":"El fr\u00edo prometido"},"content":{"rendered":"<p><strong>Dar\u00edo Vanegas Lea\u00f1o<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Fr\u00edo-prometido.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-811 alignleft\" title=\"Fr\u00edo prometido\" src=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Fr\u00edo-prometido-300x230.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"230\" srcset=\"https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Fr\u00edo-prometido-300x230.jpg 300w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Fr\u00edo-prometido-1024x788.jpg 1024w, https:\/\/dialogos.ca\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Fr\u00edo-prometido.jpg 1720w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>30 de noviembre del 2007. Aunque no han pasado ni siquiera cinco a\u00f1os, los recuerdos son muy vagos. Mi esposa y yo, subiendo maletas a las b\u00e1sculas del aeropuerto en Bogot\u00e1. Siete en total. Pasadas las 9 de la noche, el \u00faltimo abrazo a la madre y al hermano. A las 11, me llaman para abrir parte del equipaje frente a un polic\u00eda. La colecci\u00f3n de discos compactos despierta la curiosidad del encargado de los Rayos X. M\u00fasica, no explosivos. \u201cPuede cerrar y volver a la sala de espera\u201d.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El avi\u00f3n despega minutos antes de la media noche. Cuando amanezca, estaremos al norte del continente, a muchos kil\u00f3metros del mundo que ya conocemos. Los dos ni\u00f1os, uno de seis a\u00f1os y el otro a una semana de cumplir los dos, duermen tranquilos. El lugar com\u00fan dicta un: \u201cduermen tranquilos, porque no entienden lo que est\u00e1 pasando\u201d. Mentira. Si as\u00ed fuera, mi esposa y yo tambi\u00e9n hubi\u00e9ramos dormido. \u00bfO es que nosotros s\u00ed entend\u00edamos lo que est\u00e1bamos haciendo cuando dejamos el trabajo, empacamos libros, m\u00fasica y ropa y nos despedimos de los amigos?<\/p>\n<p>\u00bfInconscientes? No. O quiz\u00e1s s\u00ed. Inconscientes como la mayor\u00eda, como nosotros mismos, frente a cada decisi\u00f3n importante que se toma en la vida. Y es que es muy dif\u00edcil ser consciente, cuando se opta por algo que jam\u00e1s se ha vivido. Imaginamos muchas cosas. Mi esposa y yo, durante los meses previos al viaje, dedicamos muchas horas a imaginarnos c\u00f3mo ser\u00eda nuestra vida futura. Horas desperdiciadas, vinimos a darnos cuenta despu\u00e9s, porque a la realidad poco le importaron nuestras suposiciones.<\/p>\n<p>Tocamos pista en Toronto. Se abre la puerta. Un pasillo largo. Paredes pintadas con un verde muy claro. Ventanas al fondo, nos acercamos y ah\u00ed est\u00e1, frente a nosotros, \u201cel fr\u00edo prometido\u201d. Los cuatro, adormilados, encalambrados despu\u00e9s de seis horas y media de vuelo, caminamos tras los dem\u00e1s pasajeros. El primer biber\u00f3n para el menor de los ni\u00f1os no es bien recibido. A limpiarlo en un ba\u00f1o y a llenar formularios. Despu\u00e9s de una hora, mi familia y yo recibimos oficialmente el t\u00edtulo de inmigrantes.<\/p>\n<p>Afuera, mientras descubrimos que la misma avenida, las mismas casas y el mismo cielo se ven diferentes cuando en lugar de visa de turista se tiene la de residente, comenzamos un complejo proceso de aprendizaje, un proceso que cubre asuntos tan b\u00e1sicos como la clasificaci\u00f3n de la basura y la remoci\u00f3n de la nieve, hasta temas un tanto m\u00e1s complejos, como el cambio de profesi\u00f3n y la afortunada redefinici\u00f3n del t\u00e9rmino \u201cfamilia\u201d.<\/p>\n<p>Casi cinco a\u00f1os despu\u00e9s, ya no soy inmigrante. Legalmente, mi estatus ha cambiado, as\u00ed como mi oficio. Mis hijos dominan el ingl\u00e9s y yo, ocupado en recordarles a cada minuto el espa\u00f1ol, a\u00fan no termino de escuchar los discos que traje desde Colombia. Pero no solo fue el estatus que cambi\u00f3. Nosotros hemos cambiado, mucho m\u00e1s de lo que hubi\u00e9ramos cambiado si, en un ataque de cordura, el 28 o 27 de noviembre del 2007, hubi\u00e9ramos deshecho las maletas y quemado los pasajes.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hemos descubierto? Un mundo con m\u00e1s matices y olores de aquellos que nosotros cre\u00edamos que exist\u00edan. Un parque donde nuestros hijos aprenden que su color, su idioma y sus creencias no son los \u00fanicos que existen. Una calle donde no cruzamos la acera, cuando un desconocido se aproxima. Claro, tambi\u00e9n he descubierto que la palabra \u201cpatria\u201d designa un sentimiento y no un concepto y que se puede estar aunque no se pertenezca y pertenecer aunque no se est\u00e9 y a veces duela.<\/p>\n<p>\u00bfEs correcto escribir: \u201caunque no han pasado ni siquiera cinco a\u00f1os, los recuerdos son muy vagos\u201d? Definitivamente, no. Cuando nos vemos forzados a deshacernos de lo que cre\u00edamos que \u00e9ramos, cuando quedamos envueltos en un proceso de aprendizaje eterno, cuando todo nos resulta tan nuevo, cinco a\u00f1os son tiempo m\u00e1s que suficiente para que en nosotros solo queden recuerdos vagos.<\/p>\n<p><em>Dar\u00edo Vanegas Lea\u00f1o es escritor de or\u00edgen colombiano. Actualmente vive en Milton, Ontario<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Vanegas Lea\u00f1o 30 de noviembre del 2007. Aunque no han pasado ni siquiera cinco a\u00f1os, los recuerdos son muy vagos. Mi esposa y yo, subiendo maletas a las b\u00e1sculas del aeropuerto en Bogot\u00e1. Siete en total. 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