{"id":973,"date":"2012-08-13T13:45:10","date_gmt":"2012-08-13T13:45:10","guid":{"rendered":"https:\/\/dialogos.ca\/?p=973"},"modified":"2025-11-24T18:49:20","modified_gmt":"2025-11-24T18:49:20","slug":"secreto-literario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dialogos.ca\/es\/2012\/08\/secreto-literario\/","title":{"rendered":"Secreto literario"},"content":{"rendered":"<p><strong>Guillermo Rose<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta la noche en que mi computadora personal se congelara tan inesperadamente, no hab\u00eda relacionado el asunto de la muerte de Juan con el hecho de mi repentino inter\u00e9s en escribir. En ese instante no comprend\u00ed porqu\u00e9 se me ocurr\u00eda tama\u00f1o desprop\u00f3sito si hab\u00edan pasado m\u00e1s de siete a\u00f1os desde que \u00e9l desapareci\u00f3 del planeta hasta que empec\u00e9 a inspirarme tan f\u00e1cilmente, tan vigorosamente, y, sobre todo, tan repentinamente.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Juan y yo, pese a ser parientes consangu\u00edneos, solamente cruzamos unas palabras hace much\u00edsimos a\u00f1os cuando me enter\u00e9 que estaba escribiendo para un diario y yo necesitaba hablar con \u00e9l. En esa oportunidad, \u00fanica en la que nuestros\u00a0 caminos se juntaron brevemente, hablamos poco, sin tocar el tema que m\u00e1s me interesaba de \u00e9l, la literatura o, mejor a\u00fan, su literatura. Su sonrisa era madura. Ahora lo recuerdo como un hombre joven -tendr\u00eda en ese momento unos 38 a\u00f1os-, con un saco sport que no hac\u00eda juego ni con el pantal\u00f3n ni con la corbatita michi. Un bohemio, pens\u00e9, y pese a tanto que lo hab\u00eda le\u00eddo y admirado le habl\u00e9 como a un pariente extra\u00f1o que anda buscando un contacto con su padre a quien no ve desde los siete a\u00f1os de edad. Fue muy asequible y me indic\u00f3 exactamente c\u00f3mo llegar al Ministerio, cosa que hice con el apresuramiento err\u00f3neo del que cree que va a encontrar un tesoro, y que si no se apura, lo va a perder. Juan parec\u00eda comprender todo esto y su sonrisa y sus ojos achinados, bondadosos, as\u00ed me lo indicaban.\u00a0 Luego no supe m\u00e1s de \u00e9l, excepto por una que otra cr\u00f3nica suya en revistas literarias de calidad. Y pasado el tiempo, cuando muri\u00f3, me di de golpes de cabeza, habiendo desperdiciado aquella oportunidad \u00fanica de establecer\u00a0 contacto, de preguntarle\u00a0 cosas intrascendentes pero importantes para m\u00ed. Tantas veces hab\u00eda le\u00eddo y rele\u00eddo sus poemas que me parec\u00eda que lo conoc\u00eda personalmente.<\/p>\n<p>Hace diez a\u00f1os me mud\u00e9 a Caracas, gracias a una oportunidad especial de trabajo por la tremenda necesidad de analistas de sistemas en muchas empresas venezolanas. Establecerme en otro pa\u00eds no fue nada f\u00e1cil, pero la paga era buena y la demanda por gente de procesamiento de datos lo suficientemente fuerte como para permitirme ganar unos buenos d\u00f3lares y, en un tiempo, regresar a Lima con plata como para un departamento y, encima seguir trabajando en lo mismo. Pero fue una vida vac\u00eda, all\u00e1. Soltero, con una cualidad especial para no poder conquistar a ninguna mujer que valiera la pena, y, pasados los cuarenta, con una familia paterna inexistente y una familia materna igualmente\u00a0 extinta, solo me interesaban mi trabajo y la gente de la oficina. Al comienzo me invitaban a algunas de sus reuniones pero se cansaron ya que todos ten\u00edan familia, as\u00ed que no hab\u00eda realmente ning\u00fan inter\u00e9s mutuo, siendo que yo no solamente era extranjero, sino adem\u00e1s un solitario. Desilusionado, pensaba en regresar a Lima constantemente, pero al recordar los\u00a0 muchos motivos por los que dej\u00e9 el pa\u00eds, me contentaba con volver a esa vida segura pero aburrida.<\/p>\n<p>Esto es hasta hace unos tres\u00a0 a\u00f1os. Me hab\u00eda comprado una nueva computadora personal. Una noche acababa de terminar de escribirle una carta a un amigo del Banco de Cr\u00e9dito, cuando el terminal empez\u00f3 a comportarse de manera extra\u00f1a. El teclado se congel\u00f3. No solamente en el sentido de no funcionar, sino que realmente, las teclas estaban heladas. Retir\u00e9 las manos asustado, mientras de la pantalla desaparec\u00eda la carta para dar paso a un blanco total. Toqu\u00e9 el teclado con sumo cuidado, descubriendo con sorpresa que hab\u00eda pasado del fr\u00edo extremo a una temperatura perfectamente agradable.\u00a0 La luz del lampar\u00edn se apag\u00f3. Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, no tuve miedo alguno. Sin escalofr\u00edos, naturalmente, sent\u00ed el cambio en las manos. No solamente en su aspecto, repentinamente m\u00e1s finas, m\u00e1s \u00e1giles; las miraba y no me parec\u00edan m\u00edas; no me obedec\u00edan. Empec\u00e9 a escribir con gran facilidad d\u00e1ndome cuenta que no pensaba. La sensaci\u00f3n de placer era proporcional a la felicidad de poder escribir sin pensar, ya que en mi cerebro era obvio que Juan, desesperado por continuar su carrera literaria, hab\u00eda tomado control sobre m\u00ed de una manera imprevista y casi monstruosa. Nuestra colaboraci\u00f3n ha sido impecable desde ese instante. Algunos cr\u00edticos\u00a0 que\u00a0 parecen reconocer su estilo, simplemente me consideran un buen imitador, sin siquiera sospechar que desde que se iniciaron mis \u00e9xitos literarios, ellos no han sido otra cosa que la continuaci\u00f3n de su obra inconclusa. Lo que me asusta es que, en ocasiones, me parece percibir la presencia adicional de otros que tambi\u00e9n se fueron y que parecieran sugerir l\u00edneas, cambios en los t\u00edtulos, temas nuevos y giros po\u00e9ticos que me son extra\u00f1os. Hasta creo haber escuchado una voz que parece la de Borges, discusiones amistosas y\u00a0 risas que quiero creer le pertenecen verdaderamente a Julio Ram\u00f3n.<\/p>\n<p>Mi madre me ha preguntado que si me pasa algo malo, lo que me apena ya que ella es una anciana y se preocupa por m\u00ed como si yo fuera a\u00fan un adolescente. Espero que esta colaboraci\u00f3n nuestra, que este secreto literario que se apodera cada vez m\u00e1s apasionadamente de m\u00ed y sobre el que a veces pierdo el control, no me termine convirtiendo en una simple continuaci\u00f3n de Juan. Y que los doctores lleguen a comprender -espero que por el estilo de mis escritos m\u00e1s que por mi propio testimonio-, que lo que les he dicho y repetido hasta el cansancio no es m\u00e1s que la verdad, y que me permitan alg\u00fan d\u00eda salir de esta cl\u00ednica privada desde la que escribo hace ya\u00a0 m\u00e1s de dos a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>Guillermo Rose es escritor peruano radicado en Markham, Ontario y sin duda es uno de los personajes m\u00e1s importantes de la literatura hispanocanadiense. Sus art\u00edculos, poemas y cuentos han aparecido en varias publicaciones hispanas en Toronto, Montreal y Ottawa y ha obtenido el primer premio en concursos literarios en Canad\u00e1, Per\u00fa y Estados Unidos. Tambi\u00e9n es creador, director y organizador del concurso anual de cuentos en espa\u00f1ol \u201c<a href=\"http:\/\/nuestrapalabra.ca\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/nuestrapalabra.ca<\/a>\u201d, el concurso m\u00e1s reconocido de su tipo en Canad\u00e1. El cuento \u201cSecreto literario\u201d gan\u00f3 tercer lugar en el concurso de cuentos de 1000 palabras de la revista peruana <\/em>Caretas<em> en junio de 2012. Para comunicarse con Guillermo, escriba al <a href=\"mailto:canuvian@sympatico.ca\">canuvian@sympatico.ca<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Rose &nbsp; Hasta la noche en que mi computadora personal se congelara tan inesperadamente, no hab\u00eda relacionado el asunto de la muerte de Juan con el hecho de mi repentino inter\u00e9s en escribir. 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