La traducción de América Latina, tercera parte. ¿Cómo se dice “boom” en español?

Martin Boyd

Los cuatro grandes autores del “boom” latinoamericano: Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes.

En el mundo angloparlante el “boom” de la literatura latinoamericana que comenzó en la década de los 60 se caracteriza por un aumento repentino de la creación literaria en América Latina, como si de pronto los latinoamericanos hubieran encontrado su voz literaria. Pero, si acaso se puede decir que hubo un auge repentino de la literatura latinoamericana alguna vez, probablemente ocurrió en la primera parte del siglo XX, cuando surgieron autores destacados como Rubén Darío (1867-1916), Horacio Quiroga (1878-1937), Alfonso Reyes (1889-1959) y César Vallejo (1892-1938). Lamentablemente, la mayor parte del mundo de habla inglesa jamás llegó a saber acerca de estos autores, porque en aquella época  la literatura latinoamericana casi no se traducía al inglés. Lo que realmente cambió en la década de los 60 no fue que los latinoamericanos de repente comenzaran a escribir, sino que los angloparlantes, de pronto, comenzaran a interesarse por lo que estos escribían.

Probablemente no sea una casualidad que dicho repentino interés en la literatura latinoamericana surgiera en la década de los sesenta, en el contexto de la Guerra Fría. En particular, sería difícil pasar por alto una posible conexión entre la Revolución Cubana de enero de 1959 y la oleada repentina de traducciones de la literatura latinoamericana que apareció casi inmediatamente después. Debido a la indignación entre los intelectuales latinoamericanos, quienes “concebían la Revolución Cubana como una alternativa positiva para América Latina”, por la respuesta negativa de Washington respecto de la llegada al poder de Castro, los líderes políticos y empresarios estadounidenses empezaron a temer que si no se ganaban los corazones y las mentes de sus vecinos desencantados del sur podrían perder su hegemonía en la región a favor de la influencia soviética.

Así, en 1961 el presidente John F. Kennedy creó la Alianza para el Progreso, un plan destinado a la promoción de programas sociales, educativos y culturales en América Latina que básicamente eran imitaciones de los programas impulsados por el gobierno de Castro en Cuba, pero  de mayor envergadura. Mientras tanto, la familia Rockefeller (que casualmente, tenía grandes intereses económicos en América Latina), con el apoyo de la administración de Kennedy, estableció un programa de subvenciones para fomentar la traducción de la literatura latinoamericana en Estados Unidos, administrado por la Association of American University Presses (AAUP), que se mantuvo en operación desde 1960 hasta 1966. Otra institución similar, el Inter-American Committee (IAC), fue establecida en 1962 “para reunir a intelectuales, académicos, periodistas y editores, latinoamericanos y estadounidenses,  brindándoles a los latinoamericanos oportunidades de obtener tanto contactos como contratos en Estados Unidos”. En 1964, el IAC pasó a llamarse la Inter-American Foundation for the Arts (IAFA) y estableció un proyecto no solo para financiar las traducciones, sino también “para establecer la representación comercial para los autores […] y animar a los editores estadounidenses a ser más proactivos en la búsqueda y publicación de la literatura latinoamericana”. Este programa se amplió en 1967, cuando la IAFA se fusionó con el Center for Inter-American Relations (CIAR, ahora la Sociedad de las Américas). Todas estas iniciativas se podían considerar parte de la “política de contención anti-Castro” del gobierno estadounidense, ya que su propósito era “contrarrestar la influencia de Cuba sobre los intelectuales latinoamericanos haciendo más atractiva la actividad cultural estadounidense y creando centros alternativos de actividad creativa”. A lo largo de la década de los sesenta, los programas AAUP y CIAR jugaron un papel decisivo en la “creación y promoción de los más vendidos de América Latina en Estados Unidos, tanto por convencer a los editores que publicaran nuevos autores, como por establecer una infraestructura que hiciera notar sus obras al público”. En este sentido, contribuyeron de manera significativa al así llamado “boom”.

Maria Elena Mudrovic sostiene que, en efecto, el CIAR tenía un monopolio sobre la selección, traducción y promoción de la literatura latinoamericana en Estados Unidos en los años sesenta y setenta, y que sin su intervención y patrocinio “el canon literario latinoamericano probablemente sería una colección de textos (y autores) más heterogénea, diversa y abierta”. Tal vez sea una exageración sugerir que el CIAR efectivamente controlaba el contenido del boom, pues las editoriales comerciales (por ejemplo, Grove Press, en el caso de la literatura mexicana) también impulsaba la literatura latinoamericana sin el apoyo directo del CIAR, y el papel de las revistas literarias independientes (como El Corno Emplumado / The Plumed Horn), en su cometido de darles presencia a los autores latinoamericanos en Estados Unidos, también fue importante. Sin embargo, es innegable que una de las características más notables del boom es su restricción a un número muy limitado de autores (en su mayoría hombres) dispuestos a lidiar con la industria literaria estadounidense.

En vista de lo anterior, tal vez no es de sorprender que una palabra inglesa sin equivalente en español haya sido utilizada para referirse a la irrupción de la literatura latinoamericana en el escenario mundial en la década de los sesenta. De hecho, incluso en América Latina, la palabra “boom” ha sido tomada directamente del inglés para referirse a dicho fenómeno que, después de todo, se dio en el mundo de habla inglesa y no en América Latina. Los latinoamericanos habían encontrado su voz literaria mucho antes de los 60, pero no fue hasta dicha década que los norteamericanos encontraron los oídos para escucharla.

En mi próximo artículo sobre la traducción de América Latina espero investigar más sobre esta cuestión, con una consideración del estilo literario más estrechamente asociado con el boom del “realismo mágico” y el efecto que tenía este estilo sobre los textos elegidos para la traducción, la forma en que fueron promocionados entre los lectores angloparlantes e incluso la forma en que fueron traducidos.

2 comentarios en “La traducción de América Latina, tercera parte. ¿Cómo se dice “boom” en español?

  1. Me parece interesante el artículo, pues da cuenta que las cosas tienen una causalidad y que todo pasa por decisiones políticas y económicas como en este caso.

  2. También creo que explica porque se ha disminuido el interés en la literatura latinoamericana en EE.UU. desde el fin de la Guerra Fría, pues toda una nueva generación de autores latinoamericanos como Jorge Volpi o Carmen Boullosa no ha recibido la misma atención que recibieron los autores de los 60. Hace falta otra revolución cubana para despertar el interés del Norte en el Sur 😉

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