Amado Nervo: Poeta

Yólotl Cruz Mendoza

La afirmación hecha por José Emilio Pacheco en su Antología del modernismo(1) es certera respecto a la obra de Amado Nervo: la década del cincuenta fue la peor época para el escritor, y esto se traducía en la falta de interés de la crítica por valorar una obra plural, como lo demostraban sus Obras completas (1952) publicadas por Alfonso Méndez Plancarte y Francisco González Guerrero en la editorial madrileña Aguilar. El más grande defecto considerado por la crítica, fue que al encontrarse Nervo en el culto del pueblo, sus escritos carecían de valor literario. Gusto popular y calidad literaria no podían ir de la mano. Este descrédito comenzó a forjarse hacia 1928 con la Antología de literatura mexicana moderna firmada por Jorge Cuesta, formadora del canon en las letras mexicanas durante el siglo XX.

Pero el quincuagésimo aniversario luctuoso del poeta, a finales de los años sesenta, hubiera pasado inadvertido de no ser por dos obras que abrieron el hasta entonces yermo camino: Genio y figura de Amado Nervo (1968) de Manuel Durán(2) y “Del pensamiento de Amado Nervo (tema y variaciones)” (1969) de Ramón Xirau.(3)

Desde 1943, fecha en que Bernardo Ortiz de Montellano publica Figura, amor y muerte de Amado Nervo, no se había escrito sobre este autor con objetividad y con una visión renovadora de los temas centrales en su poesía; en las lecturas que hacen Durán y Xirau a la poesía de Nervo entra en juego la “tarea y oficio de participación: que es entendimiento enriquecido” (Mito y poesía, p. 58) —de la que hablaba Xirau—, como elemento indispensable en un crítico literario.

Las décadas siguientes fueron yermas en el terreno de la recepción de la obra nerviana, pero los frutos se darían a finales del siglo XX. Había transcurrido cien años desde que Nervo mostró en la Revista Azul y la Revista Moderna su importancia en las letras hispanoamericanas.

El mismo José Luis Martínez, que en 1950 lo calificó de poeta cursi, ahora se encargaba de restaurar el papel de la crítica ante la figura de Nervo para:

“Aclarar bien cómo fue la reacción contra él, y que se haga absolutamente con una visión actual. Ahora creo que la poesía puede darse tanto por el camino del sentimiento y aun de las confesiones sentimentales, como por el de la gracia verbal […] También debemos insistir, con suficiente peso, en que Nervo no sólo es sentimental; es un escritor de gama muy amplia de capacidades literarias; está lleno de interés para todo el mundo.”(4)

Amado Nervo

Actualmente, en el terreno de la crítica, recopilación y preservación de la obra nerviana, se encuentran José Ricardo Chaves en los estudios narrativos, Gustavo Jiménez Aguirre, quien coordina un equipo de investigación por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México, para las ediciones críticas de la prosa y el verso nerviano; así como tesis de licenciatura, maestría y doctorado recientes. De igual modo, Carlos Monsiváis publica en 2002 nueva biografía literaria del escritor nayarita, con el título de Yo te bendigo vida, y en la que destaca su labor poética y narrativa.

La escritura y fama de Amado Nervo están signadas por su propio nombre, que como él mismo lo afirmaba, podría pasar por un seudónimo que venía bien con sus primeros versos nerviosos, aquellos que lo introdujeron al mundo literario.

Después de infructuosos estudios en el Seminario de Zamora, primero en derecho y luego en teología, se adentra en el periodismo del bullicioso puerto de Mazatlán en el diario El Correo de la Tarde, y deja atrás los primeros versos, que Méndez Plancarte publicaría bajo el título de Mañana del poeta. Estos poemas iníciales de rima sencilla están plagados de elementos románticos, semejantes a los de Bécquer o Zorrilla, y de un devoto catolicismo.

La etapa en El Correo de la Tarde será definitiva. En ella, Nervo prueba de todo, desde los viejos tintes románticos, hasta la asimilación del modernismo, reflejada en algunos de los poemas que años más tarde conformarán el volumen Perlas Negras (1898), como el parnasiano “Una estatua” del 13 de septiembre de 1982:

Recta nariz cuyos contornos raros
jamás pudo crear el arte Heleno,
pequeña boca de corales caros,
¡Un rostro en fin que ni esculpido en Paros
por la mano admirable de Cleomeno!

La “corriente azul del misticismo” comienza a inundar el alma del joven nayarita, y lo inducirá al modernismo con su vertiente decadente, con la clara intención de buscar “como novia a la Neurosis”. A mediados de 1894, está listo para partir y establecerse dentro del vertiginoso ambiente finisecular que gira en la capital mexicana. Las búsquedas y empatías literarias se instauran con Rubén Darío o Manuel Gutiérrez Nájera –a pesar de las tangibles lejanías.

Nervo arriba a la ciudad de México a finales de julio de 1894, y su entrada no pudo ser mejor, ya que el 5 de agosto aparece su primer poema en la Revista Azul, una nueva versión del poema “Ritmos” fechado en Mazatlán, 1893 e incluido posteriormente en Perlas Negras (1898). Publicados a la par que Perlas Negras, Místicas aparentemente exalta la contemplación cristiana del autor, sobre todo por el famoso poema “A Kempis”. Sin embargo, este poemario se caracteriza por la adhesión de Nervo al decadentismo con poemas como “Gótica” donde se pregunta si Cristo vive todavía detrás del altar, o en “Azrael”, donde le pide al ángel rebelde que lo cobije ya que su fe tramonta; el llamado al ángel de la muerte se asemeja a las plegarias que Baudelaire hace al Satán de Les fleures du mal (1886). Asimismo, en los poemas “A Felipe II” y “Un padrenuestro por el alma del rey Luis de Baviera” se afilia a la poética de los poetas malditos, completamente evidenciada en los versos “A la católica majestad de Paul Verlaine” con dedicatoria a Rubén Darío:

Flota, como el tuyo, mi afán entre dos aguijones:
alma y carne; y brega con doble corriente simpática
por hallar la ubicua beldad en nefandas uniones,
y después expía y gime con lira hierática.

En efecto, la lucha entre el alma y la carne será un constante en su poesía primera, y lo vuelve a demostrar en “Delicta carnis”: “carne, carne maldita que me apartas del cielo”. Los dos momentos en que puede dividirse la poesía nerviana están escindidos por su viaje en 1900 a París, como corresponsal del diario El Imparcial. Ahí, establece una profunda amistad con Enrique Gómez Carrillo y sobre todo, con Rubén Darío, cuyo afecto culminará hasta la muerte del poeta nicaragüense. Conoce a Moreás, a Wilde y Catulle Méndes, recorre la Exposición Universal, y entabla una relación amorosa con Cecilia Luisa Dailliez, la que se convertirá, años más tarde, en la Amada Inmóvil. Con el mismo talante de los dos poemarios anteriores aparece en 1901 Poemas a partir de figuras obsesivas del simbolismo: el andrógino, el sátiro, la sirena; pero el libro adquiere un nuevo sentido con la aparición de La hermana Agua que había sido publicado de manera independiente en España; es una joya inigualable –nos dice Méndez Plancarte–, que adquiere características panteístas que serán reafirmadas en Las voces (1904).

Desde entonces existe otro Nervo, el que en sus poemas presiente una búsqueda de espiritualidad; en 1902 publica El éxodo y las flores del camino, travesías por la Europa de sus ensueños, logrando verdaderos prodigios al combinar la crónica de viajes con el verso y la prosa poética, también de ese año es Lira heroica, de la cual, algunos de sus poemas fueron leídos ante Porfirio Díaz.

En 1905 publica Los jardines interiores con ilustraciones de Julio Ruelas y Roberto Montenegro. La primera parte del poemario parece sujeta a los mismos temas que los libros anteriores, pero se presentan poemas con interesantes recuperaciones rítmicas del romancero español como en “La canción de Flor de Mayo”:

Flor de Mayo, como un rayo
de la tarde, se moría…
Yo te quise, Flor de Mayo,
tú lo sabes, ¡pero Dios no lo quería!

Y un sencillo estribillo que se liga con el canto popular:

Las olas vienen, las olas van,
Cantando vienen, cantando irán.

La segunda parte del libro subtitulado “Rondós vagos” ya flirtea con los sueños esotéricos de la sabiduría de los arcanos, del destino y de las posibles reencarnaciones en los poemas “Como blanca teoría por el desierto…”, “Pasas por el abismo de mis tristezas” y “Yo vengo de un brumoso país lejano”; éste último aludirá a un tema que desarrollará plenamente en la nouvelle fantástica Mencía (1907), el deseo de poder fundir el mundo de los sueños con el real, y en el que la amada etérea pueda obtener cuerpo, forma, vida. Es por ello que la tercera parte de Los jardines interiores está dedicado a la figura mítica de Damiana, que él corporeizará al llamar Ana a Cecil Louise, como apócope de su femme fragil: rubia, con una “silueta de cristal”, “tez lozana/ de albérchigo y terciopelo”.

En 1909, mientras reside en Madrid como parte de la Legación mexicana, escribe En voz baja dedicados en buena medida a la madre muerta (1905); en Serenidad (1914) su poética es más íntima, ligada a sus preocupaciones metafísicas en las que se van combinando su formación cristiana con sus lecturas esotéricas como lo demuestran los poemas “Mediumnidad” o “Hatha-Yoga”; pero también tanto el verso vivaz como el melancólico que predomina en la literatura española: poemas como “El balcón viejo”, “El viejo palacio” o “Vieja llave” lo acercan a la estética de Juan Ramón Jiménez y Manuel Machado. El poema “Dominio” merece especial atención, pues su verso “Unos ojos verdes, color de sulfato de cobre;” darán pie a que tiempo más tarde Ramón López Velarde escriba en su poema “No me condenes” los “ojos inusitados de sulfato de cobre” y con ello, la poesía mexicana adquiera un nuevo derrotero. En los poemas “Células, protozoarios”, “Pájaro milagroso” y “El color de la luna” están presentes las consecuencias que dejó consigo el positivismo decimonónico tanto a nivel ideológico como científico, algo que ya mostraba en el sorprendente poema “Visión” de En voz baja:

El ala pasajera
de nubecilla errante
proyecta sobra móvil
sobre la carretera,
por donde, resonante,
aparece, en carretera
febril, como gigante
batracio, un automóvil.

Los libros siguientes Elevación (1917), Plenitud (1919) alcanzan la misma tónica con una obsesión por la muerte y la comunicación con los muertos, derivados del deceso de Ana Cecilia en 1912. El estanque de los lotos (1919) tiene un sentido pesimista, la decrepitud se enfrenta a la juventud y prohibido amor, Margarita, la hija de Ana y su hija adoptiva: “¿Cómo decir te quiero sin decir papá?” dice la joven en “Peras al Olmo”. Y Nervo calla y escribe El arquero divino, que será publicado póstumamente por su editor y amigo Alfonso Reyes. Pero también en este poemario Nervo siente que la humanidad ha perdido el rumbo, y lo único que queda es la poesía y el poeta que no puede dejar de pedir paz ante los terribles sucesos de la Primera Guerra Mundial.

La amante muerta será mitificada en los poemas de La amada inmóvil, escritos entre 1912 y 1918 (5). En 1919, año en que fallece Amado Nervo, su fama en América Latina era descomunal, como lo demostraron sus exequias desde Montevideo a la Ciudad de México.

Juan Domingo Argüelles, uno de los lectores más atentos de la poesía nerviana de principios del siglo XXI, nos hace notar en su texto: “Elevación y caída de la poesía de Amado Nervo” (6) que mientras se celebraban los funerales de Nervo, López Velarde publicaba Zozobra, César Vallejo Los heraldos negros, y un año antes Vicente Huidobro lo hacía con sus Poemas árticos. En efecto, la estética vanguardista que estos jóvenes escritores era de una tónica muy distinta a Nervo. Sin embargo, nos sigue diciendo Argüelles, que hay que seguir leyendo a Nervo, hay que seguir estudiándolo, desde su contexto, sin ignorar el papel importante que tiene en las letras hispanoamericanas. En efecto, la escritura del Nervo poeta no puede ser descartada, aún ofrece un sinfín de lecturas para comprender una época, una visión del mundo, ya tan lejana para nosotros, los lectores del siglo XXI, pero que no nos es ajena.

Notas

1. Cfr. José Emilio Pacheco, Antología del modernismo (1884-1921). México: UNAM/ Era, 1999. La primera edición de la Antología… es en la colección Biblioteca del Estudiante Universitario, UNAM, 1970

2. Manuel Durán, Genio y figura de Amado Nervo, Buenos Aires: EUDEBA, 1969.

3. Este ensayo fue publicado en el Vol. XXIV, núm. 12 de la Revista de la Universidad de México que estaba dedicada a Amado Nervo. Posteriormente, en 1973, fue incluido en el libro Mito y Poesía con el título “Amado Nervo: pensamiento y poesía”.

4. “Los fieles de Amado Nervo”, entrevista de Gustavo Jiménez Aguirre con Antonio Alatorre, José Ricardo Chaves, Alí Chumacero, Hugo Gutiérrez Vega, José Luis Martínez, en La jornada semanal, núm. 234, 29 de agosto de 1999.

5. Algunos de los poemas que integran este poemario aparecen en Serenidad (1914); sin embargo, fueron reunidos en La amada inmóvil (1920) por Alfonso Reyes. En la presentación, Reyes señala: “El presente volumen inédito en su mayor parte, estaba preparado para la publicación desde el año de 1915, y, según el plan del autor, debió seguir inmediatamente a Serenidad. En la última parte de Serenidad habían aparecido ya algunas de las poesías que aquí restituimos a su verdadero sitio […] Por diversas razones, el manuscrito se quedó sin publicar, y fue creciendo de manera que, al final, hay ya una poesía firmada en 1918.” (Presentación de Alfonso Reyes a la primera edición de La amada inmóvil (1920) en Amado Nervo, En voz baja. La amada inmóvil. Ed. de José María Martínez, p. 255.)

6. Juan Domingo Argüelles, “Elevación y caída de la poesía de Amado Nervo”, en Amado Nervo, El libro que la vida no me dejó escribir. Una antología general, México, Fondo de Cultura Económica, Fundación para las Letras Mexicanas, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006, pp. 523-541.

Yólotl Cruz Mendoza es maestra en Letras Mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente estudia el doctorado en Letras Latinoamericanas en la misma casa de estudios con la tesis sobre el fenómeno ecfrástico en la literatura modernista hispanoamericana. Se ha dedicado a rescatar y editar la narrativa de Amado Nervo y colaborado en la página web http://amadonervo.net de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

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