La vida y las obras de Gabriela Mistral (seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga) fueron marcadas de manera profunda por la pérdida trágica de su único amor en 1907, cuando tenía solo 18 años. El dolor de la soledad es un tema constante de su poesía, pero no tan constante como el triunfo del amor, particularmente el amor a los niños. A pesar de que nunca tuvo niños propios, su poesía y su trabajo incansable como educadora provocó que el secretario de la academia Nobel, Hjalmar Gullberg, le llamara la “gran cantadora de la misericordia y la maternidad.”
Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!
Es el cielo desamparo
si la Luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!
Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,s
¡yo no tengo soledad!
