Martin Boyd
Según las estadísticas publicadas por el Print Measurement Bureau (www.pmb.ca), existen hoy en día más de 900,000 hispanos viviendo en Canadá. Otras fuentes indican que esta cifra sobrepasa el millón. Aunque esta cantidad parece insignificante en comparación con los 45 millones de personas de origen hispano que viven en Estados Unidos, representa un enorme incremento en la última década, y esta explosión demográfica se ve reflejada en el creciente número de instituciones hispanas en los mayores centros urbanos de Canadá, particularmente en Toronto y sus alrededores, en donde viven la mayoría de hispanos de Canadá (según un estudio de Statistics Canada realizado en 2008).
Los hispanos y la cultura hispana están dejando una creciente huella en el panorama cultural canadiense, y existe evidencia que sugiere que este impacto está aumentando la conciencia y apreciación de Latinoamérica en Canadá, país que prácticamente no había tenido una relación con el mundo de habla hispana en el pasado. En julio de 2007, cuando Stephen Harper hizo su primera gira en Latinoamérica como primer ministro canadiense, describió la región como parte de la “comunidad vecina” de Canadá y expresó el compromiso del gobierno canadiense de estrechar los lazos con esa región. El gobierno canadiense ha impulsado, desde entonces, varias iniciativas para desarrollar una relación más cercana con Latinoamérica y en particular con México; aunque a esta relación le fue asestado un trágico golpe este verano con el súbito anuncio de la imposición de restricciones de visado a los ciudadanos mexicanos. Dicha decisión, la cual fue una reacción visceral y mal concebida a la cantidad de solicitudes de refugio rechazadas provenientes de México en los últimos años, fue anunciada prácticamente sin previo aviso, incluso a la embajada canadiense en México, que evidentemente no estaba preparada para la repentina inundación de solicitudes de visado. No cabe duda que dicha decisión reducirá en forma severa el número de turistas mexicanos que escogen Canadá como destino (260,000 en 2008, según algunas fuentes) y por lo tanto representará una pérdida sustancial para la industria turística canadiense. Evidentemente, la imagen de Canadá en México también se ha visto afectada, y las relaciones empresariales Canadá-México sufrirán inevitablemente como resultado de ello. El gobierno canadiense justifica su decisión en base a los 8,500 rechazos de solicitudes de refugio provenientes de México en 2008. Sin embargo el mismo ministro de Inmigración, Jason Kenney, ha admitido que la introducción del requisito del visado no aborda el problema de fondo: el proceso de aceptación de los solicitantes de asilo del gobierno canadiense, según el cual, de forma indiscriminada, se otorga el estatus de solicitante prácticamente a todos aquellos que lo soliciten, para rechazarlos un año y miles de dólares más tarde cuando se determina que no satisfacen la definición de refugiados. El desacierto representa un lamentable retroceso en el desarrollo de nuestra relación con nuestros vecinos mexicanos.
Aquí en Canadá, los hispanos se enfrentan a algunos desafíos en sus esfuerzos por obtener reconocimiento en el mosaico multicultural canadiense. Un reporte publicado en abril de este año por la Association for Canadian Studies (Asociación de Estudios Canadienses) reveló la impactante información de que en promedio los varones latinos ganan 46% menos que los anglo y francocanadienses, y que los hispanos se sitúan entre los más bajos receptores de ingresos en el país. Las cifras reflejan las difíciles y a menudo desesperadas condiciones bajo las cuales muchos latinoamericanos llegan a este país, pero también señalan algunas de las graves fallas en la fuerza laboral canadiense -supuestamente favorable para los inmigrantes- para integrar a sus más recién llegados.
No cabe duda de que aún falta mucho para cumplir con la promesa del gobierno canadiense de estrechar lazos con nuestros vecinos latinos, tanto en América Latina como aquí en Canadá.
