Jorge Carrigan
Un hombre de negocios, próspero y ambicioso, resuelve que es hora de casarse y constituir una familia en el justo momento que una mujer de negocios, firme y decidida, que acaba de establecer su propia compañía, decide que es tiempo de contraer matrimonio.
Se conocerán a través de una línea telefónica de amor y s seleccionarán el uno al otro de entre once mil candidatos. Acordarán que la primera cita sea una noche de jueves, pero ella no podrá asistir al encuentro por asuntos de trabajo y él cenará solo. Al día siguiente ella irá al mismo restaurante pero, desafortunadamente, él no podrá asistir allí porque habrá debido viajar a Singapur para atender las operaciones de las dependencias de la multinacional para la cual trabaja. Una semana más tarde él la invitará a la ópera, sublime invitación; pero ella concurrirá en esos días a una conferencia internacional que se estará celebrando en un país de Sudamérica. Casualmente, la ópera en cuestión, sublime obra, se estará presentando también en la más importante sala de espectáculos de la ciudad en la cual ella se encuentra, de manera que ambos podrán ver la misma ópera, casi a la misma hora, aunque en teatros, y países, diferentes; sublime coincidencia.
Transcurrido un mes del primer encuentro, decidirán formalizar un poco más la relación y presentarse a las familias respectivas. El encuentro tendrá lugar en el restaurante de comida francesa más caro de la ciudad en la que ambos viven y la mesa reservada será todo lo exclusiva que el acontecimiento merece. Por razones de negocios, ese día ni ella ni él podrán participar de la cena, pero igual las familias, que estarán completas, harán las presentaciones de rigor y compartirán una placentera velada, prescindiendo sólo de la presencia de los prometidos. Unos meses después, ya en pleno verano, los dos miembros de la venturosa pareja optarán por cumplir el sueño concurrente de emprender un crucero. Por fortuna, ella se encontrará en Marsella, en funciones de presidenta de su compañía, y él estará en Santo Domingo cumpliendo un encargo de su empresa; de manera que ella realizará un crucero por el inigualable Mediterráneo mientras él se enrolará en otro por las fascinantes islas del Caribe y algunos puertos de América Central.
El día de la boda será grandioso. Epitalamios y campanas llamarán a la celebración. El estará en Sídney, Australia; y ella en Chicago, Illinois. No obstante se efectuará la ceremonia religiosa como Dios manda en dos iglesias paralelas, situadas en ambos puntos del planeta, y el uso de grandes pantallas de televisión les permitirá ver y escuchar, vía satélite, el momento en que el otro diga “Sí” ante el altar que le corresponda.
Pero no será sino hasta dos años más tarde que decidirán tener el primero hijo. El hombre irá a un banco de espermatozoides en Ginebra y efectuará el depósito que deberá viajar por vía aérea, inmediatamente, a Montreal, donde la mujer estará esperando para que la fecundación se produzca sin enojosas dilaciones que podrían desvirtuar tan grandioso acto. La fertilización se efectuará con todo éxito y el embarazo marchará sin contratiempos de manera que tanto en la madre como en la criatura se observarán evoluciones normales. Ya estará decidido, y es muy probable que así suceda si no se presentara algún contratiempo de último minuto, que la mujer de negocios, firme y decidida, y el hombre de negocios, próspero y ambicioso, se conocerán el día que nazca el primer hijo de ambos.
Jorge Carrigan es escritor de origen cubano radicado en Montreal. Ha publicado trabajos de narrativa, poesía y teatro en diversas publicaciones en España, Canadá y Estados Unidos, y también ha publicado dos libros: Cascabeles en la punta (Artifact, Toronto, 1999) y Teatro de segunda mano (Versio, Montreal, 2001). Su cuento “Amor global” apareció originalmente en la antología Las imposturas de Eros, publicada por Editorial Lugar Común (Ottawa, 2009).

¡Muy interesante cuento! El autor propone un tema original pero que se puede aplicar a una situacion “normal” de parejas que en realidad nunca se llegan a conocer.
Soy un fan de su revista en linea, ¡felicidades!
Que triste y al mismo tiempo …. que real!!! De una u otra forma en eso se esta convirtiendo la vida actual: amistad y amor virtual!!! Es la verdad absoluta para algunas personas…