Mantener viva la esperanza

Martha Bátiz y Martin Boyd en la presentación del libro “Papalotero”

Un sincero agradecimiento a todos los que asistieron a la presentación de mi novela, Papalotero, en Accents Bookstore, esta semana. Para aquellos que no pudieron asistir, se publica a continuación un extracto de la presentación de la novela de la escritora mexicano-canadiense Martha Bátiz. – Martin Boyd

Martha Bátiz

¿De qué se trata Papalotero, y qué es un papalotero? En pocas palabras, un papalotero es una persona que vuela papalotes, o cometas. La palabra mexicana es muy apta porque el personaje principal de la novela es Miguel Ángel Ramírez, un joven inmigrante mexicano que vive en Toronto con su madre, y que construye y vuela papalotes para ganarse la vida. Cuando conoce a Teresa Jones, una joven que aún no ha encontrado nada por lo que pueda sentirse apasionada y que es presionada constantemente por sus padres y su hermano, todos académicos, para ir a la universidad porque de lo contrario será vista como un fracaso total (nota mental: ¡nunca ser una madre así con mis hijos!), Miguel Ángel le ayuda a considerar sus opciones desde una perspectiva distinta. Al mismo tiempo que guía a Teresa hacia una actitud más positiva, también le ayuda a la mejor amiga de Teresa, Elena, a enfrentarse a sus peores temores y jugar con las cartas que la vida le ha dado, las cuales no son tan lindas como ella quiere que todos crean. Miguel Ángel hace todo esto con el apoyo constante de su madre, una mujer que ha superado grandes pérdidas y sufrimiento y, precisamente por eso, ha aprendido a valorar la vida aún más. Para las personas que no conocen la cultura y la idiosincrasia mexicana, como Teresa y Elena, es comprensible que Miguel Ángel sea una persona que da miedo. No se preocupa por las cosas que preocupan a la mayoría de la gente: estudiar una carrera, encontrar un trabajo, establecerse, ser rico o famoso, todos los objetivos comunes que la gente tiene. Él sabe que ninguna de esas cosas son realmente importantes si, en el fondo, uno no es feliz y si no sigue su pasión. ¿Y qué importa si su pasión no encaja con las normas y expectativas de la sociedad? Por supuesto, esos pensamientos les parecen alarmantes a Teresa y Elena, quienes siempre se han sentido obligadas a adaptarse a las normas y seguir las reglas.

Hay un significado y una historia más profundos tras el aparente rayo de sol de Miguel Ángel. Él fue un “niño del milagro”: un sobreviviente del terremoto de la Ciudad de México en 1985, en el que 16 recién nacidos fueron rescatados después de pasar una semana atrapados bajo los escombros. En la vida real, 14 de los 16 niños sobrevivieron. 13 de ellos todavía están viviendo en México, y uno vive en Estados Unidos. Y además está Miguel Ángel, quien, gracias a Martin Boyd, vive en Toronto. Por lo tanto, este papalotero también les muestra Teresa y Elena, y todos los que lean el libro, que nada es lo que parece, y que si nos tomamos el tiempo para conocer las historias de la gente en lugar de tener miedo de su apariencia distinta o su diferente forma de pensar, podemos aprender lecciones valiosas y enriquecer nuestra capacidad para mantener vivas la confianza y la esperanza.

Debo confesar que cuando empecé a leer Papalotero me sentía un poco deprimida: el clima había estado horrible, me sentía abrumada por el trabajo y simplemente cansada. Cuando leí que Teresa llevaba una camiseta que decía que “Life sucks” (“La vida apesta”), estuve de acuerdo con ella. Sin embargo, al seguir leyendo y descubrir cuánto tenía de Teresa y Elena dentro de mí, me di cuenta de que tenía que abandonar los vicios que compartía con ellas y abrirle la puerta a Miguel Ángel (o tal vez, ¿recuperar a mi Miguel Ángel interior? Soy mexicana, después de todo). Y poco a poco empecé a sentirme mejor. Miguel Ángel me tranquilizó y me recordó cuán preciosa es la vida, a pesar de sus desafíos. No son muchas las novelas que me afecten de esta manera, pero Papalotero lo hizo y, aunque no puedo decir que estoy lista para dejarlo todo y salir a volar un papalote todavía, me siento agradecida. Por eso les recomiendo este libro no sólo a todos los que quieran disfrutar de una historia bien escrita, sino especialmente a aquellos que necesitan recargar sus baterías con el fin de mantener fuertes la fe y la esperanza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *