Una mirada cómica a los dos Méxicos

Nosotros los Nobles
Director: Gaz Alazraki
Estudio: Alazraki Films
México, 2013

Reseña por Martin Boyd

No es ningún secreto para la mayoría de los mexicanos que el problema fundamental detrás de toda la agitación que ha afectado a su país en los últimos años –desde la violencia de la llamada “guerra contra el narcotráfico” hasta las manifestaciones de los maestros que han paralizado la Ciudad de México en varias ocasiones este año– es la creciente brecha entre ricos y pobres. La economía mexicana ha crecido considerablemente en los últimos decenios, para convertirse en una de las grandes potencias económicas del mundo; sin embargo, sólo un grupo selecto de mexicanos se han beneficiado de los ingresos generados por el aumento de la productividad del país. La desigualdad económica de México ha llevado a muchos analistas a hablar de la aparición de “dos Méxicos “: “el beneficiario de la globalización neoliberal, y el que recibe apenas unas gotas de la riqueza que se crea” (Agustín Basave, El Universal).

En el contexto cultural, el primero de estos “dos Méxicos” se ve reflejado en el fenómeno del “fresa”, el término del argot mexicano usado para referirse a los jóvenes mexicanos ricos que se caracterizan por su superficialidad y egocentrismo, muy bien informados sobre la última moda estadounidense y entusiasmados por imitar el estilo de vida de los ricos y famosos de Hollywood, pero completamente ignorantes y aislados de la realidad social de su propio país.

Estos “fresas” son el blanco de Nosotros los Nobles, entretenida sátira social dirigida por Gaz Alazraki. La familiaridad del estereotipo del fresa en México se refleja en el hecho de que la película, la cual se estrenó en cines en México a principios de este año, se convirtió muy rápidamente en el mayor éxito taquillero de la historia del cine mexicano. La película sigue los altibajos de los Nobles, una familia muy rica que vive en la Ciudad de México. El padre, hombre de negocios millonario Germán Noble (interpretado por el consumado actor mexicano Gonzalo Vega) de repente se da cuenta de que sus tres hijos, todos ya adultos, muestran pocas señales de madurez. El mayor, Javier (Luis Gerardo Méndez), trabaja como ejecutivo en la compañía de su padre, pero sus contribuciones a la empresa se limitan a proponer proyectos disparatados (como un servicio de entrega a domicilio de gasolina) o usar el jet privado de la compañía para llevar a sus amigos de borrachera a Miami. Su otro hijo, Carlos (Juan Pablo Gil) es un perezoso seudo-bohemio, expulsado de la universidad después de un romance con una profesora. Y su hija, Bárbara (Karla Souza), cuyo apodo “Barbie” nos dice mucho de la profundidad de su carácter, planea casarse con “Peter”, empresario fracasado con pretensiones internacionales (aunque habla con acento marcadamente español, en realidad es de Puebla), que espera que su matrimonio con una de la familia Noble resuelva sus problemas financieros.

Con la intención de darles una lección, Germán engaña a sus tres hijos al hacerles creer que ha perdido toda su fortuna. La familia se muda de su lujosa mansión a una diminuta casa destartalada en un barrio humilde y los tres hijos se ven obligados a salir a trabajar para ganarse la vida. Javier encuentra un trabajo como conductor de microbús, Carlos consigue trabajo como cajero de un banco y Bárbara acaba trabajando de mesera en un restaurante de mala muerte. En su lucha por ganarse el pan de cada día y arreglar la casa en ruinas, los tres hijos fresas finalmente se dan cuenta de cómo vive el otro 99%, mientras que su padre también tiene un duro despertar al darse cuenta de que su obsesión por acumular bienes materiales le había dejado poco tiempo para conocer a sus hijos.

Aunque los personajes a veces casi caen en estereotipos, cada uno de los tres hijos tiene la complejidad necesaria para ser convincente como individuo, más allá de su condición de “fresa”. De los tres, Karla Souza merece una mención especial por lograr transformar a Bárbara, sin duda la más odiosa e ignorante de los hijos Noble, en un personaje que provoca cierto grado de patetismo. Sus actitudes elitistas al comienzo de la película reflejan mucho de lo peor de los “dos Méxicos”, las cuales hacen especialmente divertidas sus reacciones cuando de pronto se encuentra en el “otro” México (por ejemplo, al llegar a un mercado típicamente mexicano, pero muy distinto de los centros comerciales estilo gringo donde suele hacer compras, exclama: “¿Dónde estamos, en Tailandia?”).

Como crítica social, Nosotros los Nobles es una sátira light, quizás casi tan frívola como los fresas que satiriza de manera tan entretenida. Sin embargo, ofrece una imagen sorprendentemente precisa de la brecha que separa a los “dos Méxicos “, brecha que, en el mejor interés de ambos, urge cerrar.

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