Martin Boyd
En la tercera parte de mi serie de artículos sobre la traducción de América Latina, exploré el fenómeno del llamado “boom” de la literatura latinoamericana que comenzó en el mundo angloparlante a partir de los años 60. Dicho “boom” estaba fuertemente ligada al género del “realismo mágico”, caracterizado en el mundo angloparlante como el modo literario latinoamericano por excelencia. Según Sylvia Molloy, aunque tiene más rasgos de una “transculturación” del simbolismo francés que una invención autóctona, el “realismo mágico” fue elegido por lectores en Estados Unidos para representar a América Latina, convirtiéndolo así en un “producto regional”, una forma de “primitivismo esencialista” (374) que refuerza estereotipos preexistentes de América Latina como un territorio mágico, más allá de la civilización, donde las leyes de la ciencia no aplican. Molloy sugiere que “el realismo mágico es refulgente, divertido y algo cursi”, pero la realidad que describe “no sucede, ni podría suceder” en Estados Unidos (375). Lamentablemente, añade la autora, el hecho de que solo una pequeña proporción de autores latinoamericanos se puedan enmarcar fácilmente dentro del género del realismo mágico ha condenado muchas obras literarias latinoamericanas al “purgatorio de lo intraducible” (375)… a menos que la obra sea “reescrita” para que pueda encajar en el género, tal como parece ser el caso de Pedro Páramo del autor mexicano Juan Rulfo: novela que, sin duda, es una de las grandes obras literarias del Siglo XX, pero cuyas dos traducciones al inglés no han logrado transmitir el tono gótico y a la vez realista del original.
La primera traducción al inglés de Pedro Páramo fue realizada por Lysander Kemp y editada en 1959 por la editorial vanguardista Grove Press de Nueva York. De dicha traducción se destaca la cantidad elevada de omisiones de palabras, oraciones y frases enteras. Dichas omisiones podrían ser debido a una falta de comprensión por parte del traductor, si aceptamos la afirmación de Lon Pearson de que cuando Lysander Kemp conoció a Rulfo unos años después, le admitió que “cuando no entendió un pasaje, simplemente lo omitió” (Pearson 157). Muchas de las omisiones se tratan de expresiones jaliscienses que seguramente no aparecían en los diccionarios del traductor; muchas otras son fraseos poéticos rulfianos que habrían requerido tiempo y trabajo para logar un equivalente satisfactorio en inglés, como las frases “parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer” (texto fuente 69), o “donde se ventila el aire como si fuera un murmullo” (texto fuente 118); pero otras son frases bastante sencillas, lo cual sugiere que el traductor simplemente las haya saltado en el proceso de la traducción. En definitiva, parece que todas estas omisiones se deben a la falta de experiencia del traductor y las limitaciones de tiempo propias de la vida de un traductor independiente, desconocido, sin publicaciones anteriores y, sin duda, mal pagado. El resultado es un texto aún más escueto y minimalista que el original.
Era muy distinta la situación de Margaret Sayers Peden, traductora de la retraducción de Pedro Páramo publicada por Grove Press en 1994. Al momento de aceptar el trabajo de la retraducción, Sayers Peden era una traductora con más de 20 años de experiencia profesional, con una filosofía explícita de traducción basada en la investigación meticulosa. Además, no padecía las presiones económicas que habría tenido Kemp como traductor independiente, pues era profesora emérita de la Universidad de Missouri y había recibido una beca para realizar la retraducción de parte de la National Endowment for the Arts (Fondo Nacional de las Artes de Estados Unidos). Además, contaba con el lujo de poder consultar la traducción anterior de Kemp y los numerosos análisis críticos de la novela para apoyar su traducción.
En su prefacio de la retraducción de 1994, Susan Sontag afirma como uno de los motivos de la retraducción, el deseo de Rulfo de que existiera una “traducción precisa y completa” de su novela en inglés (Sontag x), el cual sugiere que el mismo autor había reconocido las muchas omisiones de la traducción de Kemp. En consecuencia, no es de sorprenderse que la traducción de Sayers Peden esté marcada por un esfuerzo diligente de representar cada frase y palabra del texto original de Rulfo. Al contrario, en vez de omisiones, lo que caracteriza la traducción de Sayers Peden es un gran número de adiciones y elecciones léxicas que producen un texto marcadamente florido y a veces casi rimbombante, muy distinto del estilo conciso y refrenado del texto en español. Un ejemplo emblemático es la traducción de la frase “te va a ir mal, Pedro Páramo” (texto fuente, p. 82), pronóstico de la abuela acerca del protagonista/antagonista de la novela. Si bien la traducción de Kemp, “You’re going to turn out bad, Pedro Paramo” (p. 22) no refleja el sentido del original, Sayers Peden, con su traducción “You have a hard row ahead of you, Pedro Páramo” (p. 21), aunque semánticamente más cercana, es un coloquialismo mucho más colorido que el original. Dicha tendencia es evidente en muchos otras partes de la traducción de Sayers Peden, tales como la traducción de la frase “Caminábamos cuesta abajo” (texto fuente, p. 66), la cual Kemp traduce bastante literalmente como “We were walking downhill” (p. 4), pero que aparece en la versión de Sayers Peden como “We were making our way down the hill” (p. 4); o “Hasta pensó” (p. 89), que en la traducción de Kemp es “she even thought” (p. 29), pero que Sayers Peden convierte en una construcción mucho mas rebuscada: “the thought had even crossed her mind” (p. 28). En todos los casos anteriores, las decisiones de Sayers Peden señalan un afán de encajar la novela de Rulfo de acuerdo con las expectativas del lector anglosajón en cuanto a la literatura realista mágica, la cual se asocia con un estilo “barroco” que emplea un lenguaje repleto de “detalles y ornamentación ricos y pesados” (Bowers 36), muy distinto del estilo lacónico de Rulfo. Tal vez no sea casualidad que inmediatamente antes de realizar su retraducción de Pedro Páramo, Sayers Peden había terminado su cuarta traducción de obras de la autora chilena Isabel Allende, una de los escritores más reconocidos por haber popularizado el estilo del “realismo mágico” en Estados Unidos. Es posible que sus traducciones anteriores hubieran influido en su propio estilo de escribir al momento de traducir el texto de Rulfo (un ejemplo de lo que el traductólogo británico Jeremy Munday denomina “lexical priming”), para atribuir al autor jalisciense un estilo más acorde con las “narrativas exuberantes del realismo mágico” (Bowers 45).
En este sentido, la retraducción de Sayers Peden parece ser una culminación de un proceso iniciado a partir de los 60 de posicionar Pedro Páramo como “un precursor importante del ‘realismo mágico’ de la literatura latinoamericana”, tal como se afirma en la contraportada de la traducción al inglés de la otra publicación de Rulfo, Llano en llamas (The Burning Plain), editada por University of Texas Press en 1967. Así, mientras que la traducción apurada de Kemp refleja la falta de reconocimiento que tenía la obra maestra de Rulfo en el periodo anterior al “boom”, la retraducción de Sayers Peden refleja el esfuerzo generalizado, evidente en los comentarios paratextuales (reseñas, ensayos, textos publicitarios) producidos en el mundo angloparlante a partir de los 60, por encajonarla dentro del género del realismo mágico. Como resultado, seguimos esperando una traducción al inglés de Pedro Páramo que haga justicia a la excelencia inigualable del texto original.
Obras citadas
