Martin Boyd
En un artículo publicado en 1987, la destacada traductora literaria Margaret Sayers Peden discrepó con la traducción de Hileman de la clásica novela de Carlos Fuentes La muerte de Artemio Cruz, acusándolo de “reestructuración total e increíblemente insensible” del texto de origen, lo que socava por completo la intención original del autor (“Translating the Boom” 170). En efecto, Hileman parece mostrar una indiferencia casi displicente por la puntuación y la estructura de los párrafos del texto original, al suprimir puntos y comas, dividir párrafos e insertar conectores léxicos en un aparente esfuerzo por “regularizar” el estilo deliberadamente irregular del original. Pero hay otra omisión aparentemente sistemática en la traducción de Hileman que Sayers Peden no parece haber detectado. Que lo pase por alto no es de sorprenderse, pues su análisis se trata exclusivamente de cuestiones estéticas y la omisión a la que me refiero tiene consecuencias que son más bien ideológicas que poetológicas.
A lo largo de la novela de Fuentes, el flujo de la narrativa en español se interrumpe con la aparición intermitente y discordante de palabras o frases en inglés. La primera de estas intrusiones aparece a unas páginas del principio de la novela, cuando Artemio Cruz, a bordo de un vuelo nacional desde Hermosillo a Ciudad de México, mira hacia arriba para ver las palabras iluminadas en inglés: “No smoking, Fasten Seat Belts” (La muerte… 16). La repentina aparición del inglés en medio del texto español actúa como una señal de alerta para el lector, quien de esta manera se percata de que la posición privilegiada de Artemio es resultado de su complicidad con una intrusión extranjera en su país: los viajes aéreos en México, accesible solamente a las elites adineradas, es un lujo introducido en el país por los gringos. En páginas posteriores de La muerte…, los diversos adornos del mundo de lujo comercial en el que vive la familia Cruz se indican con intrusiones similares del inglés: juegan juegos de bridge (26), dan paseos en su limousine (27), o enfrentarse a un gerente en una exclusiva tienda de moda que comenta en voz baja que “como decían los americanos the customer is always right” (26). Y significativamente, en una reunión con los inversionistas estadounidenses que buscan explotar la condición de Cruz como un ciudadano mexicano para apropiarse de recursos mexicanos, otra intrusión del inglés aparece en la franca auto-descripción de Cruz como un fantoche mexicano del imperialismo estadounidense: él es un front-man para los inversionistas gringos (31). Esta cadena de intrusiones extranjeras apoya una de las narraciones fundamentales de la novela: la traición de los principios de la Revolución Mexicana ante los intereses económicos de Estados Unidos. Fuentes también alude al papel de los gringos como la nueva potencia colonizadora (los sucesores de los conquistadores españoles) en un pasaje de la novela que juega con el verbo “chingar”:
-Se chingaron al indio
-Nos chingaron los gachupines
-Me chingan los gringos
-Viva México, jijos de su rechingada: […] (La Muerte 179)
La corriente de vulgaridades actúa como una especie de resumen en la jerga callejera de la historia de la victimización de México: explotaron al indio, los españoles nos explotaron, los gringos me explotan. Pero en la traducción, este pasaje se representa como sigue:
The Indians got fucked, and the Spaniards fucked us
I don’t like fuckin’ gringos
Viva Mexico, you fuckin’ fucked up fuckers […] (The Death 137)
Esta traducción rompe la tríada establecida en el original mediante la combinación de las dos primeras líneas del extracto en una sola línea, mientras que el uso de la forma adverbial del verbo vulgar “fuck” en la segunda línea (“fuckin ‘”, la cual como adverbio en inglés pierde su significado usual, para funcionar meramente como una expresión de desdén) destruye por completo el patrón de explotación, y, aún más importante, se invierte el papel de los gringos, que son los autores de una violación en el texto original, pero que son objetos pasivos de desprecio en la traducción.
Sería temerario afirmar que esto se trata de una estrategia consciente de parte del traductor para acallar el sentimiento antiestadounidense subyacente en la novela original. Hay que admitir que el problema de cómo representar la intrusión del inglés en una traducción al inglés no es fácil de resolver, y sin información sobre el proceso de traducción (Hileman, al igual que muchos traductores de su generación y de acuerdo con las expectativas en Estados Unidos de la “invisibilidad del traductor”, no escribió ningún prefacio para The Death of Artemio Cruz y tampoco publicó ningún texto en el cual dilucide su praxis como traductor), no podemos saber si Hileman simplemente pasó por alto la cuestión de las frases en inglés por completo, o tomó la decisión consciente de ignorarlas, o tal vez incluso propuso una solución que fue vetada por el editor.
Lo que sí sabemos es que la decisión, ya sea consciente o no, efectivamente acalla una de las narrativas que enmarcan la novela. En este sentido, es significativo notar que las críticas de The Death of Artemio Cruz en el mundo angloparlante rara vez mencionan un tema central discutido en los análisis críticos de La muerte de Artemio Cruz en México: la traición del protagonista a su nación por “aceptar y facilitar una nueva colonización extranjera: la del imperialismo estadounidense ” 29). En cambio, las críticas de The Death of Artemio Cruz en Estados Unidos han tendido a centrarse en la “representación de la corrupción política de un caudillo revolucionario” (Rostagno 121) y evitan la cuestión de la participación de Estados Unidos en la facilitación de dicha corrupción. En la reseña original de la novela que apareció en el New York Times en mayo de 1964, Mildred Adams sugirió que el mensaje político de la novela es que las promesas de la revolución de 1911 habían sido “traicionadas por aquellos que las hicieron”, con Artemio Cruz como el “héroe-villano”, un arquetipo del “explotador de mano dura”, pero el papel de Cruz como fantoche de los estadounidenses no figura en su tan detallado análisis. Incluso el destacado estudioso Harold Bloom sugiere que la novela en su esencia “lamenta la auto-traición de México” (2) , lo que implica que la corrupción y la explotación descritas en el texto son un asunto totalmente interno, y los resúmenes de la novela que aparecen en enciclopedias literarias estadounidenses generalmente la describen como una crítica del fracaso de la Revolución Mexicana, sin ninguna referencia a la representación del papel de Estados Unidos en dicho fracaso (véase, por ejemplo, Magill 730 ; Melville Logan et al 517).
En 1991, una nueva traducción de La muerte de Artemio Cruz, realizada por Alfred MacAdam, fue publicada por Noonday Press, quizás como respuesta a las críticas de la “reestructuración insensible” de la traducción de Hileman. Por desgracia, esta nueva traducción tampoco aborda la cuestión de la intrusión de frases en inglés, y aunque la traducción del pasaje citado más arriba es un poco más fuerte (“the gringos give me a fucking headache “, 136), tampoco transmite la implicación en el texto original de la victimización de México por parte de los gringos. Por lo tanto, seis décadas después de su muerte, la voz de Artemio Cruz en inglés aún permanece callada en cuanto a un punto sobre el cual parece tan insistente en su idioma nativo, el español.