Delma Gil Wilson nació en Álamos, México en 1980. Estudió la licenciatura en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora en México, y una maestría en Español y Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Alberta. Ha colaborado con periódicos y revistas tanto en México y Canadá, tales como Cambio Sonora, Correo Canadiense, El Hispano y The Apostles Review. Se ha desempeñado como correctora de estilo, traductora, y actualmente trabaja como instructora de español en la Universidad de Alberta.
Cultura
Martin Boyd
Lo que sigue es un fragmento de mi cuento “Cultura”, el cual se publicó originalmenteen inglés en 2008 en la revista literaria canadiense Other Voices. Ahora el cuento aparece de nuevo en una traducción excelente de la galardonada traductora y escritora mexicana-canadiense, Martha Bátiz, para la nueva antología Desde el norte: narrativa canadiense contemporánea, editada por la editorial de la Universidad Autónoma Metropolitana en México. Muchísimas gracias a Martha por haberle dado nueva vida al cuento en la lengua española.
Elevando el listón de la exigencia
Martin Boyd

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Una de las presentaciones más estimulantes que escuché en el congreso de la ATA en Chicago fue la ponencia titulada “Why Raising the Bar on Your Own Translation Quality is about to Get Deadly Serious” (Por qué elevar el listón en la calidad de tu propia traducción va a volverse tremendamente serio), impartida por Chris Durban, Kevin Hendszel y David Jemielity. La sesión fue un llamado al despertar para todos los traductores independientes, alertándolos de la creciente estratificación que existe entre lo que se llama el “sector al por mayor” de gran volumen y traducciones de mediana calidad, y el “sector selecto” con trabajos de gran calidad realizados por genuinos expertos de la materia. En la medida en la que los pagos continúan disminuyendo en el sector al por mayor, según los ponentes, los traductores se enfrentan con un peligro profesional a futuro, a menos que puedan distinguirse como maestros de su trabajo, especialistas en los campos de su elección y escritores excepcionales.
La orquídea
Martin Boyd
La orquídea había sido un regalo de la señora Zarowsky como una bienvenida a su nuevo hogar. Ellos no sabían nada de plantas, pero estaban agradecidos por el regalo y lo pusieron al lado de la puerta principal del pequeño apartamento de dos habitaciones, que la señora de Ucrania muy amablemente les había arrendado. Lo encontraron durante sus primeros días en Toronto, y en el momento en que conocieron a la señora Zarowsky, quien los recibió muy amablemente, y después de ver lo cómodo y acogedor que era, supieron que era el lugar ideal para ellos, así que firmaron el contrato de arrendamiento enseguida.
Pablo Salinas
Pablo Salinas nació en Lima en 1973. Ha publicado diversos cuentos y poemas en revistas impresas y digitales, así como en las antologías Retrato de una nube (2008, publicado en inglés como Cloudburst en 2013) y Las imposturas de Eros (2009) y Voces con vida (2012). Sus cuentos “El camino de regreso” y “Padre José” que obtuvieran menciones honrosas en el concurso Nuestra Palabra 2008, figuran en el libro Cuentos de nuestra palabra en Canadá: Primera hornada, (2009). Cursó su doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Ottawa y actualmente es profesor invitado en Shawnee State University en Ohio, Estados Unidos.
Que duermas bien, José Miguel
Humberto Benjamín Clavería
Manuel Urrutia no podía conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos pensaba en el cráneo agujereado que tenía un diente de oro y que había guardado en la mochila. Parecía sentir que la calavera salía del morral cubierto por tejidos blandos, y una coronilla tapizada de cabellos abundantes y jóvenes. Se le erizaba la piel de sólo pensar que de pronto esa cabeza sin cuerpo iba a cobrar vida, se acercaría a él y comenzaría a hablarle, a decirle quién era, a contarle su pasado. O quizás iba a llorar o a reír. Y el diente de oro brillaría con la luz de la lámpara de noche.
Joan Francisco Matamoros
El escritor mexicano Joan Francisco Matamoros nació en el fronterizo estado de Chihuahua en México, y a los doce años se mudó con su madre a la ciudad de Toronto, donde cursó gran parte de su educación secundaria. A los dieciséis años regresó a Chihuahua para vivir con su padre. Luego decidió retornar a Toronto para tratar de establecerse aquí y estudiar. Empezó a escribir cuentos con seriedad a los dieciséis al regresar a México donde se puso de nuevo en contacto con el idioma español.
Ángel Fernández (Gélico)
Gélico inició sus primeras publicaciones como caricaturista, a los 17 años de edad, las que aparecieron en el semanario humorístico Melaíto. Desde entonces, sus obras han sido publicadas en centenares de revistas y periódicos en Cuba, Canadá, y muchos otros países. Su currículum avala más de veinte premios y más de treinta exposiciones colectivas. Actualmente reside en Toronto, donde es director de la galería Gélico Gallery.
Un precedente importante para el futuro de la política de refugio de Canadá
Martin Boyd
Desde la década de los 1970, la comunidad hispana de Canadá se ha transformado a partir de un pequeño grupo de pioneros inmigrantes de España y América Latina en una vibrante comunidad heterogénea de más de medio millón. Un factor clave en el desarrollo de esta comunidad, que hoy se ha convertido en un elemento tan vital del mosaico multicultural de Canadá, ha sido el enfoque positivo de este país en cuanto a la inmigración y, en particular, su históricamente compasiva política de refugio. De hecho, una proporción significativa de las primeras grandes oleadas de inmigrantes hispanos a Canadá fueron los solicitantes de refugio de las dictaduras militares de Chile, Argentina y Uruguay en la década de los setenta, así como de la guerra civil de El Salvador en la década de los ochenta, quienes jugaron un papel importante en la construcción y consolidación de una infraestructura para las artes y la cultura hispana en Canadá, y cuya aportación positiva a su país adoptivo ha añadido una dimensión muy bienvenida al tejido cultural canadiense.
Miedo viejo
Yoel Isaac Díaz León
Otra vez he estado a unas cuadras de la casa de mis amigos, cerca de la Calzada de Infanta. Otra vez no he llegado a verlos. Uno de ellos ya cumplió 65 años; el otro 68. Cada diciembre cuando regreso a la Habana siento el impulso de pasar a saludarlos, pero en el último momento no voy más lejos de la parada del ómnibus. Allí me quedo mientras mi mirada sigue la calzada hasta San Miguel, derecha, izquierda, luego derecha de nuevo. Me detengo ante el edificio y miro hacia arriba. Subo las escaleras y toco la puerta.
